Red Bull celebró en Vigo su carrera Autos Locos, de vehículos disparatados y sin motor. La organización contó más de 50.000 personas. Ganó un equipo local
20 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Ese bólido que baja endiabladamente la Gran Vía es de fabricación puramente artesanal. Ese buga que está a punto de girar a Urzaiz desafiando los límites de la gravedad y del sentido común se construyó minuciosamente en algún garaje durante los dos últimos meses, tres horas al día. Ese cacharro que cruza el centro de Vigo sin motor y a 77 kilómetros por hora es simplemente una bañera, agujereada y con ruedas, y sobre ella van dos amigos eufóricos que se juegan la vida. Se hacen llamar Gripaos Racing y son vigueses. El público ruge a su paso.
Son los Autos Locos de Red Bull, una carrera que ayer se celebró por segunda vez en una ciudad española. Las cuestas de Vigo fueron el recorrido perfecto para los 68 vehículos de fabricación casera que participaron en el certamen, todos sin más elemento de propulsión que la inercia. Miles de personas -la organización contó 50.000- abarrotaron el centro. Para ganar no solo había que ser el más rápido, también se valoraba la originalidad y la puesta en escena.
De ahí que los vigueses del Gripaos se preocuparan por los pequeños detalles y eligieran para la ocasión un fino bañador tanga con tirantes, que lucieron bailando al ritmo de los timbales de Safri Duo antes de tirarse Gran Vía abajo, con el Vertigo de U2 de fondo. Le iba al pelo. Como recompensa, irán al gran premio de fórmula 1 de Brasil y visitarán los boxes del equipo de Red Bull.
«¿Quién vive en la piña debajo del mar?», inquiere el locutor. «¡Bob Esponja!», le contesta el público, a grito pelado. Y ahí viene ya bajando otro cacharro con la cara del héroe infantil, llegado desde Palencia. Suenan ahora las primeras notas de Yellow Submarine y en la calle Venezuela hay cuatro chavales ataviados con el uniforme de sargentos que lucen The Beatles en la portada de su Sergeant Pepper's Lonely Hearts Club Band .
Luego vienen el coche del pulpo gigante -dicen que invirtieron varios miles de euros-, el de la niña del exorcista, el de Allien , los adolescentes que diseñaron un percebe, el bogavante o el que tiene forma de pollo. «Han venido ustedes a ver locos, locos con cacharros», le confía el locutor al público, «Esto no es normal. ¡Somos especiais!».