Estreno sin pegada del Madrid de Mou

Amador Gómez MADRID/COLPISA.

VIGO

A pesar de que ha fichado al técnico destinado a devolver la motivación a los jugadores y la grandeza al Real Madrid, en el estreno de la Liga fue el equipo de antes, aburrido y deprimente, pero incluso peor: sin gol. Los blancos sólo empujaron al final frente al Mallorca y se estrellaron contra Aouate, el mismo portero que la pasada temporada se llevó en el estadio balear cuatro goles del Madrid, tres de ellos de Cristiano Ronaldo. El guardameta israelí salvó al Mallorca y propició el primer pinchazo, por ser suave, de este Real Madrid que aspira a todos los títulos pero que por el mismo camino podría volver a pegarse un batacazo.

Sorprendió Mourinho al dejar a Khedira en el banquillo y alinear junto a Xabi Alonso a Lass, en quien también piensa para el lateral derecho, y así no hubo fútbol, aunque ellos fueron los únicos que presionaron a un Mallorca al que le sigue gustando el toque, ahora con el sello de Laudrup. Özil fue suplente, porque como había anunciado el portugués la víspera, Canales sería titular como mediapunta y prefirió alinear a Di María en la banda derecha, pero perdió al extremo, porque el argentino estuvo nulo.

Así, Cristiano, a falta de fútbol, de movilidad y de claridad en ataque, fue como suele ocurrir el único que lo intentó. Se movió por todo el frente del equipo y los tres únicos disparos del Madrid en el primer tiempo fueron suyos. Los visitantes, sin agresividad y faltos de ritmo, aburrieron hasta el límite antes del descanso. El Mallorca, pese a ser muy limitado arriba, dio un par de sustos.

Özil no fue el revulsivo

Mourinho no tardó en hacer un par de cambios, aunque no le sirvió de nada, porque Özil, aparte de que acaba de llegar, se parece muy poco al del Mundial, y Benzema, pese a sus intenciones, todavía sigue buscándose a sí mismo para intentar ganarse la confianza perdida. Excepto en un primer mano a mano que le salvó Aouate a Higuaín cuando el argentino volvió a ganarle la partida a la defensa balear, los blancos arrancaron el segundo tiempo dando señales negativas. Volvieron a quedarse sin el balón y a perder el sitio, y su entrenador hizo otro experimento con la entrada de Khedira por Arbeloa. Quizás demasiado tarde, cuando el Mallorca se había rehecho y presumía de toque y profundidad frente a un rival hundido. Cristiano se fue desesperando, y aún más cuando se escoró demasiado y falló su gran oportunidad.

Aun tuvo otra más Higuaín de la que salió otra vez airoso el portero israelí, y ahí se acabó el Madrid. Sin gol, sin físico, y sin espíritu de equipo.