Enterrar un error

VIGO

Dicen que la principal diferencia entre un médico y un arquitecto es que el médico siempre puede enterrar sus errores. El arquitecto, como mucho, puede aconsejar a su cliente que plante enredaderas. Y algo parecido, como poner unas plantas, para disimular, es lo que llevamos casi veinte años haciendo con el proyecto Abrir Vigo al Mar en la zona de O Berbés.

Todo comenzó con una mala idea, que es el peor punto de partida. No fue bueno situar, frente a los históricos soportales del Casco Vello, una circunvalación de seis carriles, un túnel, un aparcamiento y las toberas de ventilación del paso subterráeno. Semejante muralla de asfalto, acero y hormigón armado separó para siempre el barrio de O Berbés del mar que un día le dio su sentido.

La idea buena hubiese sido, simplemente, llevar la salida del túnel unos metros más adelante, hasta la rotonda de entrada al puerto pesquero, donde comienza un área de marcado carácter industrial. Pero no se hizo y, por ello, sería injusto estar siempre culpando del desastre a Vázquez Consuegra.

Probablemente, el arquitecto hizo aquí lo mejor que pudo con la idea que pusieron sobre su mesa. O, al menos, diremos que un proyecto feo estuvo a la altura de una horrorosa idea de partida.

Con los años, no se ha hecho otra cosa que ir colocando plantas, por ver de tapar el desaguisado. Se plantaron en la antigua lámina de agua donde se refrescaban las gaviotas. Se plantó un olivo en un espantoso parterre. Se hicieron crecer frondosos arbolillos. Se instaló un parque infantil. Y, para rematar el conjunto, se colocaron, en grácil estampa «pseudo marinera» unas gamelas de cartón piedra.

Hoy los propios soportales del Berbés son el mejor ejemplo de este desastre. De los originales, que eran los bajos de las antiguas casas de patín, no quedan en pie ni la mitad. Como se caían por el abandono, los inmuebles fueron vaciados. Ahora, el Concello los ha tapado con una lona, en la que aparecen dibujados. Es un peldaño más en la ocultación de un lugar donde el arquitecto, los técnicos y el político que ideó la obra metieron mucho la pata.

Los soportales esperan ahora una rehabilitación que se demora. No ayudará al proceso la reciente decisión de la Xunta de recortar las ayudas a los cascos históricos. Y, para ser sinceros, aunque se remozasen, el lugar seguiría siendo espantoso. Para arreglarlo, habría que ir al origen del problema y rectificar la mala idea. Enterrar el túnel de As Avenidas y liberar el espacio frente a O Berbés. Y conectarlo con el mar o, al menos, con la pescadoteca que ya construye el Puerto. Toda otra alternativa jamás funcionará. Porque hay un error de origen. Lo otro será plantar enredaderas y tapar el adefesio. La solución es prolongar el subterráneo y recuperar una gran plaza. En este caso, como los médicos, los arquitectos tienen la oportunidad de enterrar sus errores.