El barcelonés Paco Herrera debuta en un partido oficial como entrenador del conjunto vigués
28 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La temporada 2010-2011 comienza para el Celta con casi las mismas cargas de ilusión con las que inició sus tres últimas campañas en Segunda. La diferencia es que este año, además de una Liga que recupera la promoción de ascenso, el club vigués apuesta en su discurso descaradamente por la parte alta de la tabla.
Cuatro refuerzos (De Lucas, David Rodríguez, Joan Tomás y Murillo) para paliar ocho salidas no parece que sirvan para dibujar un panorama esperanzador. Sin embargo, los protagonistas célticos tratan de incidir en los datos positivos y olvidarse de las lagunas. La llegada de numerosos jugadores de ataque debe darle a los celestes mucha más mordiente de la que la tuvieron en la pasada Liga. Por contra, defensivamente el cuadro vigués parece más endeble tras la pérdida de varios jugadores este verano.
A este tema trata de ponerle remedio Paco Herrera. Su primera alineación servirá para conocer las líneas maestras del nuevo técnico, y su capacidad para arreglar los problemas que los celestes padecían con Eusebio Sacristán. Un bloque que mareaba la perdiz pero que carecía de verticalidad, y que según lo visto en pretemporada sigue teniendo pendiente resolver este rompecabezas. La posición de Trashorras en el campo es la clave de todo este asunto.
Romper la dinámica negativa
Para que esta campaña no se parezca en nada a los tres horrores vividos con anterioridad, sería fundamental que los célticos comenzasen ganando. Los malos inicios ligueros en las tres campañas precedentes constituyeron una losa imposible de levantar. Un equipo joven responde mejor desde las corrientes positivas. Los conjuntos recién ascendidos como el Córdoba (1-1) o el Girona (0-1) se le atragantaron a los vigueses. El Barcelona B también tiene esa condición, pero su forma de ver el fútbol es otra. El filial blaugrana asusta en Segunda casi tanto como el primer equipo en Primera. Una constelación de jóvenes talentos hace peligrar los buenos deseos con los que se ha cargado el celtismo. Esta tarde, se despejarán las dudas.