A falta de playa, buenas son terrazas

Míriam Vázquez Fraga VIGO/LA VOZ.

VIGO

Los hosteleros aseguran que, gracias al buen tiempo de estos meses y pese a la crisis, este verano sus negocios están resultando mucho más rentables que el anterior

27 ago 2010 . Actualizado a las 12:00 h.

Siete de la tarde de un día de calor en agosto, el mes de las vacaciones por excelencia. Cansados ya de playa, pero sin ganas de volver a casa, ¿qué hacer? Los vigueses lo tienen claro: el terraceo se convierte en la alternativa más atractiva.

Hay una en cada esquina y, en esta época, la mayoría de las terrazas están a rebosar. Además, este verano viven un momento dulce gracias al buen tiempo que ha hecho en Vigo. «La gente va a la playa y a última hora de la tarde se viene a tomar algo aquí», indica Daniel Gugusian, de La Portuaria, en Montero Ríos. «El mejor momento es a partir de las 19.00 horas, y luego las noches de fin de semana», coinciden la mayoría.

La hora de cierre varía según el día. «Estamos en función de la clientela que haya, que a su vez depende del tiempo», explican. La jornada llega a su fin sobre la 1.00, aunque el fin de semana se alarga hasta las 3.00 horas.

Las consumiciones que triunfan son refrescos, agua y, sobre todo, cervezas, siempre acompañadas por algo de picar. «Ponemos pinchos calientes y lo típico: cacahuetes y aceitunas. Y con el café, bizcocho casero», cuenta Fernando Gómez, de Brétema. Las tapas también son muy solicitadas. «Tenemos productos de la tierra: mejillones, navajas, pulpo, zamburiñas... Y es lo que más piden los turistas, pero no solo ellos», explica José Antonio Barciela, del Restaurante Tapería Marítimo.

La media de mesas ronda las 20, aunque las hay más modestas, como la del Café Areal, con ocho, y otras que se encuentran muy por encima, como La Terraza, en la Plaza de América, con 45. «Tenemos diez personas para atenderla, porque se llena a menudo», dice el encargado, José Antonio Fernández.

La clientela es de todo tipo, «desde pandillas de veinteañeros a grupos que sobrepasan los cincuenta, pasando por familias con niños», en palabras de Carlos Viéitez, encargado de El Cafetal. También abundan los turistas, especialmente «en los días que llegan barcos», según los hosteleros de la zona del puerto.

En la terraza del MARCO también son frecuentes los clientes extranjeros. «El museo define el perfil, aunque al margen de visitantes, tenemos señoras de 50 años que vienen a diario», señala Alberto Botas, chef del local. Ellos organizan actividades complementarias en su terraza, como conciertos o monólogos.