Tasa de manifestación

VIGO

21 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El alcalde de Roma, Gianni Alemanno, acaba de dar una idea al alcalde de Vigo, Abel Caballero: Cobrar por las manifestaciones. Como las tasas, impuestos y multas recaudadas por el Concello parecen insuficientes, podríamos importar un nuevo tributo que, sin duda, cosecharía en nuestra ciudad un indudable éxito.

Sólo el pasado año, se registraron en Vigo 753 manifestaciones, lo que supone una media de más de dos por día, incluidos domingos y fiestas de guardar. Si se le suman otros 176 paros, asambleas y encierros, la cifra ronda las mil movilizaciones anuales, una cifra exorbitante. Por poner un ejemplo, Ourense, con un tercio de habitantes, tiene seis veces menos manifestaciones. Y, Pontevedra, con la quinta parte de vecinos, ocho veces menos.

Somos una potencia en jaranas y movilizaciones públicas. Y es por ello que la idea de Alemanno podría ser muy lucrativa para las arcas municipales.

Propone el alcalde de Roma, del mismo partido que Berlusconi, que un impuesto grave todas las manifestaciones que se celebran en la capital de Italia. Aduce para ello que cada marcha reivindicativa le sale carísima al ayuntamiento. Según sus cálculos, cada diez mil personas, el consistorio romano gasta 7.000 euros en refuerzos de la Policía Local; 5.000, en limpieza; 5.000, en servicios sanitarios; y 1.000 en vallas. En total, la factura asciende a 18.000 euros.

En una movilización normal en Vigo, las cinco mil almas pueden alcanzarse sin esfuerzo. Con lo que la organización convocante habría de abonar 9.000 euros. En las del Metal, siempre populosas, la factura podría dispararse por encima de los 20.000. Y, por último, tenemos la suerte de saber que las manifestaciones que convoca el alcalde siempre tienen 100.000 participantes, por lo que ya desde la convocatoria se podría girar a la Alcaldía una tasa fija de 180.000 euros.

Los impuestos recaudados deberían dedicarse a algo relacionado con el caso. Y debemos recordar que Vigo, más que un auditorio, un palacio de congresos o un pabellón multiusos, lo que precisa es un manifestódromo. Hace décadas que la ciudad demanda un recinto donde desfilen las diversas legaciones participantes en cada protesta, cada cual con su pancarta, mientras jalean al público el tradicional: «Desde o balcón, non hai solusión!».

El impuesto, por otra parte, debería extenderse a los actos religiosos masivos, del corte de la Borriquilla, el Cristo y la romería de San Roque. Al fin y al cabo, ensucian parecido y no dejan de ser actos reivindicativos, aunque lo sean de la otra vida.

A la espera de que Caballero se pronuncie sobre la idea, nos quedamos con la reacción del portavoz de Italia de los Valores, partido de oposición en Roma: «Tras esto, ya sólo falta el impuesto de las palabras al viento de los políticos». La Ciudad Eterna es una mina: Porque, sobre todo en esto, Vigo es una potencia mundial.