Mos sigue sin abrir su cuartel cuatro meses después de acabar las reformas

L.Míguez MOS/LA VOZ.

VIGO

Espere de pie en la entrada, suba las escaleras, entre en la pequeña sala esquivando cajas y presente su denuncia. Por supuesto, si tiene ganas de ir al baño, aguánteselas. Una visita a la Guardia Civil de Mos para poner una queja contra la seguridad se puede convertir casi en un motivo para añadir otra línea al escrito. Pese a que las obras de rehabilitación del cuartel se terminaron en el mes de abril, las nuevas instalaciones siguen cerradas a cal y canto para uso y disfrute de las motas de polvo, porque los 15.000 vecinos que comparten concello y los 18 agentes que cumplen allí su servicio todavía van a tener que esperar más. Por si ya no fue poco. Los trabajos redujeron de forma drástica y supuestamente temporal las oficinas de atención al público a dos pequeños cuartos que no cumplen las normas de accesibilidad y carecen de las instalaciones suficientes como para que las personas afectadas que allí acudan puedan esperar o acudir al servicio. No habría problema si la medida se quedara en un parche momentáneo. Pero el tiempo lleva semanas jugando en contra y dista mucho de encontrarse una solución, para desconcierto y malestar de la población. La medida ha provocado también que las once viviendas que se rehabilitaron para alojar a los agentes y sus familias permanezcan cerradas, con el consecuente gasto extra en alquileres para los implicados. Planes para finales del 2009 Muy lejos ya quedan las palabras del delegado del Gobierno en Galicia, Antón Louro, cuando visitó en septiembre del año pasado el cuartel de la Guardia Civil de O Porriño, donde también se realizaron obras de mejora. En aquel entonces la previsión era que a finales de año las instalaciones estuvieran ya terminadas y fueran operativas en el menor tiempo posible. El proyecto, que supone una inversión de 584.172 euros, incluía la ampliación y nueva distribución del bloque con instalaciones nuevas. Según los planes, se mejorarían los baños y cocinas de las viviendas, además de los suelos, pintura y carpintería. Según se puede apreciar desde el exterior del edificio, también se ha sustituido la actual cubierta y la fachada ha sido tapada con material aislante. A ello se añaden las marquesinas metálicas para vehículos y unas edificaciones exteriores para uso de trastero de las viviendas. El terreno cuenta además ahora con un cierre. Del inicial plazo de diciembre hasta el actual mes de agosto han pasado nueve meses de paciencia infinita soportando los problemas de las obras y las consecuencias de que las rehabilitadas instalaciones, cuatro meses después de que terminaran los trabajos, sigan sin poder usarse.