Una voz anuncia a Vigo que está a punto de salir Public Enemy. Dos soldados entran con aire marcial. De pronto, salta Chuck D y comienza a rapear. Pocos instantes después, le sigue Flavor Flav, un auténtico saltimbanqui que no cesa de moverse de un lado al otro del escenario, buscando la complicidad del espectador. La banda de rap más famosa del mundo comienza a pasar páginas a sus estrofas más conocidas, contagiando de ritmo a las miles de personas que llenan el auditorio de Castrelos para seguir el concierto.
Chándales, gorras deportivas, boinas guerrilleras y uniformes militares se mezclan en escena ante la inquietante diana que sirve de logotipo al grupo norteamericano. Brothers gonna work it out , Bring the noise , Terminator X to the Edge of Panic o Fight the power reivindican una sociedad más justa, en la que la comunidad afroamericana disfrute de los mismo derechos que la población blanca de los Estados Unidos. Por el medio, queda tiempo para exaltar los valores de la paz o denunciar situaciones injustas. Es Public Enemy. Un grano molesto para el poder establecido. Más de veinte años de activismo musical, no exentos de diversión y ganas de baile. Public Enemy han sabido crear un sonido propio en el que se entremezclan los pregrabados, los scratch, el rock y sonidos propios de la tradición musical afroamericana.
Antes de la llegada de los maestros neoyorquinos del rap, los vigueses tuvieron la oportunidad de conocer la escena del hip hop local. Por el escenario de Castrelos pasaron algunos de los creadores más destacados del panorama gallego, una tendencia que no siempre goza de las mismas facilidades que otros estilos musicales.
El Puto Coke, la maravillosa Wöyza o Pániko fueron algunos de los artistas que disfrutaron, por poco tiempo, de tan espléndido escenario.