Como una catedral

La Voz

VIGO

16 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Con su proverbial modestia, Abel Caballero pretende que Vigo tenga una catedral. Por desgracia, según la norma eclesiástica, solo puede haber una en cada diócesis. Pero el alcalde no ve impedimento en que se retire el título a Tui y a su colosal templo gótico. Y que se dé carta catedralicia a la iglesia de Santa María, en el Casco Vello, monumento al feísmo de corte neoclásico. Se le podrá tener aprecio, pero bonita no es, vamos a reconocerlo.

Bien cierto es que una catedral no tiene por qué ser bella. Que es, simplemente, la iglesia principal de la diócesis, donde tiene su cátedra el obispo. Y que, si hubiese una diócesis en la Antártida, bastaría con un iglú. Pero resulta un poco extemporáneo ir a quitarle a Tui su catedral, con sus nueve siglos de historia, por el solo hecho de darle lustre a la iglesia mayor de Vigo.

En Vigo, tiene su residencia el obispo. Aquí se ubica el seminario mayor. Y, por orden de Juan XIII, la mal llamada colegiata es considera concatedral . Es, por tanto, difícil saber qué ventajas reportaría a la ciudad que la catedral de la diócesis estuviese en su término municipal. De una parte, molestaríamos sin cuento a los buenos vecinos de Tui y, por otra, la comparación entre la original y la moderna nos dejaría en muy mal lugar.

Dicen que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Y el asunto de la catedral parece responder a esta descripción, si bien en su primera fase. Porque, no existiendo conflicto sobre este caso, resulta sorprendente la forma en que el alcalde lo ha creado.

Será difícil encontrar a un solo vigués que considere un abuso que Vigo no tenga catedral propia. Abundan, por el contrario, las quejas de quienes querrían aquí una sede del Banco de España, de la Delegación del Gobierno, de todas las consellerías y ministerios, del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, de la Jefatura Superior de Policía y de todas esas instituciones que capitales de provincia y autonómicas se han ido repartiendo, mientras la mayor ciudad gallega veía pasar el tren de la historia por todas las estaciones, menos la suya.

Pero precisamente con la Iglesia no creo que tengamos queja. De hecho, a Vigo le da más importancia el Vaticano que Madrid o que la propia Comunidad Autónoma de Galicia. Al punto de que esta ciudad es cabecera de una diócesis, que es una región eclesiástica, mientras que ser capital de provincia es algo impensable para nuestras instituciones civiles.

Es por ello que, si los tudenses recogen firmas, me ofrezco el primero a estampar la mía. La basílica de Tui, con su esplendor gótico, debe conservar su rango. Hacer de esto un conflicto no es una cuestión baladí. Es, para ser exactos, una chorrada como una catedral.