Caras de éxitos pretéritos para «vestir» Balaídos

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

20 ago 2010 . Actualizado a las 13:08 h.

Hace tiempo que lo de aquel proyecto para transformar Balaídos es agua pasada o, lo que es lo mismo, pasó a engrosar esa nómina, en el caso de Vigo inabarcable, que es el limbo de los proyectos. Si acaso, una ñapa por aquí y otra por allá para ir trampeando el deterioro del estadio propio de la edad. Por si fuera poco, un buen día se instaló la bicha de la crisis y hasta empezó a resultar obsceno hablar de según qué cifras. Total que, en cuestiones inversoras, Balaídos volvió a quedarse compuesta y sin novio.

Carlos Mouriño y su equipo conocen como nadie las deficiencias de las instalaciones. También las conocen los sufridores, esos aficionados inasequibles al desaliento (haberlos, haylos) que no se pierden un partido de su equipo, aunque les haga jurar en arameo una semana sí y la otra también.

Pues bien, un poco para elevar la moral de la hinchada (y la propia), y otro poco para mejorar la estética exterior del estadio sin que se resienta demasiado la caja, las mentes celestes han decidido recurrir a la moda.

La idea es vestir la fachada de tribuna con una lona gigante que estará cuajada de fotografías de jugadores que han hecho historia en el club. Habrá también unos pocos protagonistas que aunque no se hayan calzado las botas de clavos, han sido pieza fundamental para que otros hayan podido hacerlo. Será el caso de Genaro Borrás, el que fuera durante tantos años médico del Celta y luego de la selección, tristemente desaparecido hace dos años.

1.200 metros cuadrados, que es lo que medirá la lona en cuestión, dan para muchas fotos, así es que no van a aceptarse disculpas de mal pagador. Digo esto porque, pese a que la noticia acaba de salir del horno, ya han empezado a circular apuestas sobre si incluirán a Fulanito, Menganito y Zutanito (evito a propósito los nombres verdaderos) después de lo mal que acabaron sus relaciones. Una servidora, que no sabe nada de fútbol (y menos aún de sus interioridades), les ha dicho a los apostadores que se equivocan. Porque si estuvieran en lo cierto, se equivocarían los responsables celestes. Muy miopes serían si en una cuestión como esta se jugara a las amistades y a las enemistades.

Les pido a los compañeros de la sección de Deportes que me ayuden a hacer memoria de los nombres propios que, sí o sí, tendrán que estar en esa lona. «Uff. Son tantos», dicen.

Por ejemplo, tendrían que estar Hermidita y Pepe Villar. El primero, que jugó once teporadas en el Celta (1944-55) sigue ostentando la vitola de máximo goleador. Marcó un total de 107 goles, tantos como partidos jugó con el equipo. El segundo, que también mantuvo su ficha once temporadas (1950-61), ha sido uno de los jugadores que más veces vistió la camiseta celeste en encuentros de liga, 284.

Y ahí tendrán que estar también Manolo. Conocido como Gran Capitán todavía no había cumplido los 19 cuando saltó al primer equipo, colores que defendió durante 19 años y 535 partidos oficiales. Y Quinocho, jugador primero y luego directivo; y Pahiño, y Alvelo, y Félix, y Rodilla, y Maté... Y, claro, el zar Mostovoi, y Karpin, y Gudelj, y Vicente, y Atilano... Lo dicho, en 1.200 metros cuadrados de lona caben todos los que han sido.

Hace falta estar muy seguro de la calidad de un producto para ponerle el propio nombre como nombre propio. Es lo que hizo en su día Eduardo, propietaro de una pequeña bodega en O Ribeiro al que, gracias a la intercesión de Manolo Rouco, tuve oportunidad de conocer no hace mucho.

Estuvo en Vigo presentando el resultado de su última cosecha. Dicen los que saben de vinos que mucho ojito con este, que está llamado a ganarse algo más que las simpatías de los buenos catadores. El día de la presentación hubo algunos de lujo, por ejemplo David Barco.

Insistió Eduardo Peña en que no es el suyo un proyecto de grandes pretensiones económicas (15.000 botellas no dan para hacerse rico). «Lo que sí hay detrás es mucho romanticismo», asegura. Tanto que es él mismo, con contadas colaboraciones como la de Álvaro Bueno, el que lo hace todo.