Mario Conde se casa este verano

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

25 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Para él y para ella. Definitivamente, Mario Conde y María Pérez Ugena se darán el sí este verano. En su Tui natal no se habla de otra cosa desde que se supo que uno de sus paisanos había recibido una invitación. Será uno de los contados asistentes a una ceremonia que los novios están haciendo todo lo posible porque pase desapercibida. También asistirá un abogado vigués con el que le une una estrecha amistad desde sus años de universidad. Ni el tudense ni el vigués sueltan prenda sobre la fecha elegida por Conde, lo único que han confirmado es que será pronto, «muy pronto».

También me aseguran que la boda será por la iglesia ya que, aunque María ya estuvo casada, obtuvo la nulidad hace algún tiempo. Lo que no se sabe es si la persona encargada de decir aquello de «lo que Dios ha unido...» será su amigo Ricardo García, el sacerdote de la catedral de Tui al que el ex banquero pidió el pasado mes de abril una copia de su partida de nacimiento, documento que acudió a recoger personalmente la novia.

La discreción que caracteriza a esta profesora de Derecho Procesal -«quiero guardar celosamente mi vida privada», declaró en su día-, de la que no hay más testimonio gráfico (al menos una servidora no lo ha encontrado) que el que ilustra esta página, hizo que su presencia en la ciudad fronteriza pasara desapercibida para la práctica totalidad de los vecinos.

Los que seguro van a tener oportunidad de verla, en este caso vestida de novia, son los aproximadamente dos millares de censados en el municipio ourensano de A Merca, ya que es el lugar que han elegido para celebrar la ceremonia. Dicha elección tiene mucho que ver con ese empeño de huir de todo foco de atención, en especial de los mediáticos. «No quieren periodistas», me asegura mi informada garganta profunda.

Para garantizarse más intimidad, celebrarán la fiesta con los contados invitados (familiares cercanos y amigos muy amigos) en el jardín de esa casa con vistas a Portugal que se compraron el verano pasado, y en la que ya han recibido a los compañeros de la flamante orden gastronómica tudense de la que es cofrade de honor el ex banquero. Los asistentes a aquella comida coincidieron en subrayar la afabilidad y naturalidad de María Pérez, así como la gran complicidad que evidencia la pareja.

Son los que cumple Viña Costeira, «la bodega más grande de Galicia», según me recuerda el enólogo de la casa, Manuel Castro. A la convocatoria de la firma de O Ribeiro acudieron cerca de un centenar de catadores amateurs vigueses, que se dieron cita en el hotel pazo Los Escudos para demostrar que, a poco que se pongan, pueden competir sin complejos con los profesionales.

La cita, en forma de concurso, se ha repetido en las otras seis ciudades gallegas. Pronto se cumplirá idéntico rito en varias capitales de allende el Padornelo y también en Nueva York. Es el gerente de Viña Costeira, Argimiro Levoso, el que me explica que, después del éxito cosechado el pasado año con la iniciativa, han llegado a la conclusión de que tenían que repetir.

Y es que lo del concurso de cata nació en principio como una parte más del programa de celebraciones elaborado con motivo del 40 aniversario de la firma. El premio final es tan goloso, un viaje enoturístico por tierras de Burdeos, La Rioja y O Ribeiro, que el número de inscripciones desbordó toda previsión.

Como quiera que la bodega tiene clientes en todo el país han extendido la convocatoria a Madrid, Barcelona, Málaga, Palma... y hasta han cruzado el charco. En los primeros días de julio más de un centenar de asiduos de unos 40 neoyorquinos que incluyen Viña Costeira en sus cartas, pelearán por hacerse un hueco en la final, que se celebrará en otoño.

Un equipo vigués integrado por tres mujeres (Montserrat García, Carmen Valtierra y Mónica Durán), se hizo acreedor del premio el pasado año tras demostrar que el mundo del vino no tenía secretos para ellas. Visto lo visto, en esta ocasión vamos por el mismo camino. Ni un solo fallo cometió el equipo formado por Benito Piñeiro, Evaristo Portela y Constantino Martínez en la cata del miércoles. Por acertar, acertaron hasta la graduación exacta de uno de los vinos.

Distinguieron sin titubeos un treixadura de un chardonnay, un albariño o un godello. Hicieron lo propio entre cosechas de diferentes añadas. Supieron si la uva dominante de un determinado vino era tempranillo, mencía, cabernet o merlot... Si España tuviera hoy tanta puntería, los octavos eran cosa hecha.