Con lágrimas en los ojos, Manoel Dorgival, el soldador brasileño de 47 años acusado de matar a su mujer, propinándole entre «nueve y once golpes» con un adoquín de hormigón, mostró ayer su arrepentimiento.
El reo siempre tiene la última palabra y en su alegato al jurado pidió que «no usen estos sucesos para quitarme a mi hija [de tres años de edad]. Nadie ha contado aquí que mi hija sufrió un accidente y yo no fui informado», contó Dorgival que subrayó: «soy un padre, no un monstruo. Es un hecho lo que ocurrió, pero no puedo regresar atrás. No soy frío ni calculador».
La acusación particular, en cambio, le considera una persona que planifica bien sus actos y pide por ello 25 años de prisión por asesinato. La fiscalía reclama 20 años de cárcel mientras que la defensa solicita que tan solo sea condenado a seis años. Estas peticiones fueron ratificadas en los informes finales presentados por las partes.
El abogado de la acusación particular, Carlos Borrás, acusó a Manoel Dorgival Dos Santos de haber mentido a lo largo de todo el juicio y desde su detención.
La defensa, en cambio, trató de demostrar que las que mintieron fueron las primas de la asesinada que testificaron en favor de la acusación particular. Para justificar la petición de rebajar la condena, la defensa esgrime que Manoel Dorgival estaba bebido cuando golpeó a su mujer y asegura que «entre tres personas se bebieron siete litros y medio de cerveza». La letrada de la defensa aseguró que la pelea en el matrimonio la desencadenó la mujer, que acabaría muerta.