Llegó dispuesta a celebrar con unos simples pinchos su reciente jubilación -era la mentira piadosa que le habían contado para llevarla engañada-, pero le esperaba una sorpresa que seguro le será difícil de olvidar. La profesora del colegio Alborada de Vigo Asunción Sánchez Reboredo se encontró con el salón de actos del Ifevi abarrotado por alrededor de 250 ex alumnos pertenecientes a más de 30 promociones y preparados para homenajearla con motivo de su retirada tras toda una vida dedicada a la enseñanza. «Era una maestra vocacional de esas que dejan huella, una persona muy querida por todos y de las que ya no quedan», explica Olga Blanco, una de las ex alumnas organizadoras.
La prueba es la gran acogida que ha tenido esta iniciativa, que ha sido cosa de los antiguos estudiantes que pasaron por las clases de Asunción en colaboración con una pequeña representación del Anpa del centro escolar. «Era capaz de transmitir su pasión por la literatura, además de preocuparse por que nos expresásemos con corrección y mostrar siempre su cariño, apoyo y comprensión, especialmente a los más débiles», recuerda Blanco. Fue docente también en el colegio Monteblanco, el Baby School y el Colegio Alemán.
Ayer era el día de darle las gracias por su dedicación, y lo hicieron con creces. Así, la colaboración de los ex alumnos fue fundamental para recopilar fotos de toda su vida profesional que se proyectaron durante el homenaje y le entregaron luego en forma de libros y cedés, junto a ramos de flores y un reloj. No faltaron la emoción, los reencuentros, los discursos a cargo de las promociones veteranas y recientes y lo poco de verdad que le habían contado en un principio: efectivamente, también había pinchos.
El pabellón de O Berbés acogió ayer el 4º Encontro Nacional de Palilleiras Cidade de Vigo. Más de 500 participantes llenaron el espacio habilitado para este evento, organizado por la Asociación Arte y Filigrana con la colaboración del Concello de Vigo.
Entre los asistentes, de toda Galicia, las mujeres ganaban por goleada. Pero el sexo masculino tenía su representación entre los más pequeños. Es el caso de Carlos Alonso, que a sus ocho años comenzó viendo a su abuela y su hermana. «Lo paso bien y quiero seguir mucho tiempo», dijo ante la mirada de la abuela, Elia Carrera, con la que llegó desde Figueiró.
De A Guarda vino otro joven palilleiro, Iago Martínez, con su madre, María Teresa González. «Llevo 15 años palillando y, al venir conmigo a las clases, le picó la curiosidad», cuenta ella, que a su vez enseña a palillar en un centro de la tercera edad.
Dicen que si empiezas no puedes dejarlo, y algunos incluso le atribuyen efectos terapéuticos. «Se piensa que estresa y es todo lo contrario», apunta Anabela Martínez, de origen portugués aunque llegada de Tui.
La mayoría coincide en que cualquiera puede aprender. «Empecé este curso y había quien decía que no podría por mi impaciencia», recuerda Nani de Diego. Su profesora Salomé Álvarez, de Vigo, confió en que lo conseguiría y así fue.
En la organización, más mujeres. «Pero yo he tenido chicos como profesora en la Escuela de Artes y Oficios», insiste Amalia Durán, de Arte y Filigrana. En la asociación llevan desde Navidades preparándolo todo. «Es un agobio, pero hoy lo disfrutamos», asegura.
A todos les queda camino por recorrer hasta alcanzar las cifras de Carmen Puga, de 76 años y con más de 60 de experiencia en el arte de palillar. «Le dedico mis horas libres... Que son todas», dice. ¿Y a los que dicen que es difícil?: «Solo lo es lo que no gusta». Ahí queda eso.