Papadopoulos puede ser la gran novedad en un once al que vuelven Falcón en la portería y Garai al mediocentro
05 jun 2010 . Actualizado a las 02:06 h.El Celta quiere convertir la visita del Nástic en el partido definitivo de la temporada. El día de conseguir la permanencia matemática y de tomarse dos semanas de asuntos propios. Las renovaciones, se entiende. Para ellos los vigueses deben firmar su mejor registro como local del último lustro con un cuarto triunfo consecutivo, una meta que parecía imposible hace un par de meses cuando cada contienda en Balaídos se convertía en un ejercicio de tortura.
El problema, es que el Nástic llega con el mismo objetivo. Los tarraconenses, otro paladín de la irregularidad, han ido dilatando en cinco semanas la permanencia -un punto de los últimos quince- y de repente les ha cogido el toro. Tanto que llegan a Vigo con un punto menos que los celestes, y por lo tanto con un problema más.
A favor del Celta juega su respuesta en los partidos vitales. Cada vez que el peligro ha estado al acecho, el equipo vigués solventó el envite del mejor modo. También su capacidad para levantarse después de un varapalo, y el de Murcia el pasado fin de semana fue mayúsculo.
En contra aparece el plantillón del Nástic y sus números como visitante. No es la franja de la permanencia el territorio reservado al conjunto grana, sino que sus aspiraciones eran muy distintas, pero fallaron en casa cuando se hizo el proceso de selección, y descolgados del gran objetivo se dejaron llevar hasta meterse en un lío. Luis César y los suyos llevan toda la semana apuntando a un cambio de mentalidad, pero ahora le toca demostrarlo en un partido en donde los guiones pretéritos poco tendrán de coherentes.
Para la batalla final (al menos esa es la intención celeste), Eusebio recupera a Falcón en la portería y a López Garai para equilibrar el centro del campo. Las únicas dudas aparecen en el cuestionado ataque, en donde Papadopoulos podría ser la gran novedad después de superar la lesión y disfrutar de unos largos minutos en la Nueva Condomina seis días atrás. El heleno, uno de los refuerzos invernales, todavía no ha sido capaz de estrenarse como goleador. Su irrupción en el once provocaría un nuevo desplazamiento en un Iago Aspas condenado a caerse al lado derecho.
Un triunfo resolvería una tortuosa temporada, con una larga visita al descenso, y habilitaría un espacio de dos semanas para comenzar a planificar el futuro, pero un revés convertiría los duelos con la Real y el Huesca en finales con mayúsculas. Lo mejor, con respecto a curso pasado, es que esta vez en Celta juega con un par de comodines. Hace un año lo hacía a tumba abierta.