El proyecto pendiente de Mouriño

Juan Villar

VIGO

Quizás la salvación no sea matemática, pero tendría que ocurrir un desastre, perder los cuatro partidos que quedan, para poder descender. Los tres puntos de ayer han firmado el fin de una nueva pesadilla en clave celeste. A estas alturas ya da igual que se haya conseguido con un juego infame. Todo lo ocurrido no sirve para otra cosa que para aprender de los errores.

Es el momento de poner el punto de mira en el futuro inmediato. Después de tres proyectos fracasados con estrépito no se puede volver a tropezar en la misma piedra. Un club con la historia del Celta, afincado en una de las ciudad más pobladas de Segunda, no puede arrastrarse como lo ha venido haciendo.

Cuando un entrenador que siempre se ha caracterizado por alejarse de la luz y los taquígrafos, por evitar cualquier tipo de polémica, de repente arremete contra una persona, hay que suponer que no lo hace por capricho. Mouriño ha cambiado de arriba a abajo la estructura que encontró en el club y lo único que ha conseguido hasta ahora ha sido sacar adelante un concurso de acreedores. Pero no ha sabido rodearse de gente capaz de gestionar un equipo de fútbol. Esa es su cuenta pendiente.