La falta de continuidad, el principal hándicap para que el equipo vigués haga pleno en su doble cita como local
08 may 2010 . Actualizado a las 18:28 h.Después de superar el órdago frente al Cádiz, el Celta tiene la oportunidad de alcanzar el territorio tranquilo de la tabla y divisar el final de Liga sin las apreturas en las que se ha movido a lo largo de todo el curso. Para conseguirlo debe superar por tercera vez en la temporada a un Girona que ya ha alcanzado ese territorio pese a todos los incumplimientos del consejo de administración en materia de pagos. Su cómoda situación deportiva y su desesperación institucional pueden ser una baza a favor de los intereses celestes.
Liberados de la tensión del sábado pasado, los célticos se han pasado la semana señalando la visita de los gerundenses como el partido para comenzar a acariciar la permanencia. El principal problema es que los vigueses no conocen el concepto regularidad y casi siempre han patinado en situaciones de cierta comodidad. Cada vez que la exigencia es máxima, el equipo responde. Pero cuando aparece un punto de luz en el túnel, surge la relajación, que acarrea la peor versión. Además, juegan su segundo partido consecutivo en Balaídos, y pensar en sumar seis de seis como locales parece una quimera en función de la estadística reciente.
Voto de confianza
De momento, Eusebio da un voto de confianza al equipo que superó al Cádiz con el cambio confirmado en la portería tras la recuperación de Falcón y con el regreso de Roberto Lago -que confirmó estar al 100%- al lateral izquierdo toda vez que Botelho no ha sido ni convocado. Esta vez el técnico pucelano no miró para otro lado y se cargó al brasileño de la lista por el último desplante.
La apuesta confirma la consolidación del nuevo dibujo táctico con un doble pivote clásico que aumenta el equilibrio defensivo del equipo sin perder las constantes vitales en ataque. En todo caso libera todavía más a Trashorras. Arriba, Oriol debe tener continuidad después de demostrar sus prestaciones y Michu repetirá como interior izquierdo. Será la prueba del algodón para ambos.
A ellos le corresponde darle recorrido al trabajo comenzado ante el Cádiz, porque ganar significaría dejar el descenso incluso a siete puntos, pero un resbalón pondría de nuevo al equipo al pie de la zona roja, transformando lo que ahora suena a final tranquilo en otro polvorín.
Y aunque el Girona llegue cargado de problemas extradeportivo, lo que han hecho los catalanes en el campo tiene mérito. Casi siempre se han movido por un territorio cómodo de la tabla hasta que la situación económica se ha convertido en insostenible. Además, los rojiblancos llegan sin Tortolero y Gerard, dos de sus piezas básicas en la columna vertebral del equipo.
El escenario del partido se completa con una nueva llamada del club al celtismo para poblar la grada de Balaídos en una cita que tiene colgado el cartel de fundamental. Se han repartido más invitaciones que nunca. Un buen presagio.