Michu ocupará la banda izquierda, Oriol puede ser el ariete y Roberto Lago, con fiebre, quedó descartado
01 may 2010 . Actualizado a las 02:11 h.El drama de la permanencia regresa a Balaídos y en una jornada de marcado acento reivindicativo el Celta necesita dar un paso adelante para evitar que los cimientos del club puedan caer en fase de liquidación. Tras un pésimo mes de abril, la visita del Cádiz se ha convertido en el punto de inflexión. En el partido que debe devolver al equipo vigués a un escenario más sosegado, pero solo el triunfo ante un rival emergente garantiza esa estabilidad. Un nuevo desliz podría acarrear la caída de Eusebio como primera decisión para evitar que el barco se hunda. La cita del sábado festivo ya tiene colgado el cartel de final. Sin que suene a recurso. La semana ha volado en Vigo. La frustrante derrota de Villarreal ha dejado tanto sucesos por el camino que la contienda con el Cádiz poco menos que ha llegado sin avisar. Y cuando lo ha hecho, ha sido para emitir preocupantes noticias. Un repentino síndrome febril ha dejado a los celestes sin su defensor más en forma. Roberto Lago tendrá que seguir el partido desde cama. Pero este Celta no está para miramientos defensivos. Su gran problema aparece en el ataque y por ahí puede llegar la revolución pendiente de Eusebio. Joselu ha sido el único damnificado de su alegato del martes a la falta de compromiso y el silledense ha cedido su sitio en la convocatoria a Oriol, el ariete del filial. El catalán, con doce goles en Segunda B, podría ser la bomba del once si el entrenador pucelano decide dar un golpe en la mesa, algo que ha hecho en la banda izquierda con Michu, que después de un amplio espacio de tiempo a la oscuridad del banquillo volverá para jugar en una posición que no es la suya. Pero algo hay que inventar. Dadas las circunstancias, hasta sufre una ligera revisión el venerado 4-3-3. Frente a los cadistas, que le han cogido gusto al juego combinativo, el Celta jugará con un doble pivote de contención puro, con Garai y Bustos como adalides del trabajo sucio para que Trashorras pueda manejar el equipo unos metros más adelante. Las novedades se completan con el regreso de Falcón a la portería después de recibir ayer el alta. Pero más allá de los actores de reparto, el Celta vivirá una reválida en todos los frentes. En lo colectivo, porque el rendimiento de todos está bajo sospecha y hoy toca plebiscito ante un afición que parece dispuesta a cambiar los placeres del festivo por el sufrimiento del celtismo, pero también a nivel individual con Eusebio en casi todos los puntos de mira. El ilimitado crédito del pucelano parece haber llegado a su fin y como el resto de los mortales se enfrenta a la doctrina de los resultados. Y cualquier cosa que no sea ganar daría paso a una semana de cuchillos afiliados con el descenso en los talones. Porque después de cuatro meses, y aunque sea difícil, el Celta corre el riesgo de volver a la zona roja.