Vigo vivió en abril de 1942 la Santa Misión, unas jornadas espirituales orientadas a instruir a los fieles que trascendían el ámbito privado para extenderse a toda la ciudad
28 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Entre el 15 y el 25 de abril de 1942, Vigo vivió la Santa Misión, unas jornadas de instrucción católica, dirigidas por los jesuitas y apoyadas por las autoridades civiles. No se trató de una iniciativa privada, dirigida a los fieles católicos. La Santa Misión trascendía la voluntariedad y se extendía por todas las facetas de la vida pública viguesa. Este tipo de manifestaciones proselitistas, que tienen su origen en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, se multiplicaron en España después de la guerra civil, con el objetivo de reconducir los comportamientos laicistas del sistema republicano.
En la prensa de la época se convocaba a la ciudadanía a participar en la oración colectiva y se criticaba a quienes decidían no acudir. «La escoria espiritual de la ciudad pasea con las manos en los bolsillos a la hora en que la voz de Cristo le llama desde los centros misionales...», se podía leer en El Pueblo Gallego del día 19 de abril de 1942.
El arzobispo de Valladolid, Antonio García y García, presidió aquellas jornadas, que comenzaron con un acto en la iglesia de Santiago el Mayor y una manifestación hasta la plaza del Capitán Carreró (Porta do Sol). Decía la prensa local que 40.000 vigueses recibieron a los misioneros con entusiasmo y fervor. La ciudad fue engalanada con banderas nacionales y cruces luminosas en los puntos culminantes, como el castillo de San Sebastián. La megafonía repetía «las palabras llenas de amor y de fuego sagrado de los misioneros de Cristo que a nosotros han llegado».
El rosario de la aurora
El día 17 de abril comenzó la jornada con un rosario de la aurora. «En las primeras horas de la mañana, la ciudad se vio sorprendida por el canto litúrgico de los numerosos fieles que, en bien ordenadas filas, seguían las imágenes sagradas», se podía leer en el periódico de la Falange. Ese mismo día, en los actos destinados a los niños, se destacaba el papel de varias alumnas del colegio La Enseñanza que habían «recogido a cien niños pobres y después de vestirlos y alimentarlos, y darles las instrucciones indispensables, les llevaron a la Santa Misión». Fueron nombradas «apóstoles cumbres» de la Santa Misión.
Mientras que en los distintos centros misionales se instruía a los adultos, en la plaza del Ayuntamiento (plaza de A Constitución), el padre Arriola daba un sermón, quizá similar al que dirigía el padre Moneo a los habitantes de O Berbés, o el padre Endeiza a los residentes de la primer tramo de la Gran Vía, entonces del Generalísimo.
En el salón del Círculo Mercantil se daban conferencias diarias, dirigidas por el padre Azpiazu para adultos. Curiosamente, se adaptaban las conferencias al público elegido y se anunciaban sesiones para modistas y para sirvientas, aunque no se explica en la prensa local en qué se diferenciaban de las dirigidas al resto de los sectores de la población.
El domingo 19 de abril, los niños fueron protagonistas de una comunión en la que participaron 12.000 niños, según la prensa de la época. El acto tuvo lugar en las Avenidas. Ese mismo día, España entera celebraba el día de la Unificación, fecha que conmemoraba la unión de la Falange y el movimiento carlista. Por la tarde los niños pudieron asistir a una cabalgata, con un carácter más lúdico.