La iniciativa de la Xunta para formar con ejemplares una estrofa de «Negra sombra» e incitar a la lectura estaba integrada por fondos descartados y poco estimulantes
24 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.A veces, las buenas intenciones terminan convirtiéndose en pésimas iniciativas, como la celebrada ayer por la Xunta de Galicia en Vigo, con motivo del Día del Libro. La idea, en principio, sonaba bien. Se trataba de utilizar miles de volúmenes para escribir el poema Negra sombra , de Rosalía de Castro, de forma simultánea en Santiago, A Coruña, Lugo, Ourense, Pontevedra y Vigo, como homenaje a la autora en el 125 aniversario de su muerte.
Desde las 9 de la mañana, cerca de 700 personas, entre ellas 270 niños de 4º, 5º y 6º de Primaria de cinco centros educativos de la ciudad, se afanaron en la construcción de la estrofa i eres a estrela que brila, i eres o vento que zoa , confeccionada con casi seis mil libros sobre cama de periódicos usados.
A mediodía se procedió a la lectura de la declaración institucional con motivo de la conmemoración del Día del Libro. Y como colofón al acto, los libros se dejaron allí para que los viandantes que se acercasen a la hora de deconstruir los tapices de libros, se llevasen los que les interesasen. Según sus impulsores, la iniciativa era «un xeito amable de promocionar a lectura». Pero lo que ocurrió no fue tan poético, porque muchos de los que se acercaron al evento lo hicieron atacados por el súbito impulso de la rapiña, acaparando ejemplares sin medida.
Las cajas de libros nuevos, entre los que se encontraban numerosos ejemplares para niños, de editoriales como Kalandraka, se acabaron en un vuelo porque se los llevaban por docenas. Pasarán meses hasta que los trabajadores de los alrededores, principales beneficiarios de la iniciativa a unas horas en la que la gente está en sus puestos de trabajo, se pasen por una librería para adquirir un libro infantil.
Expurgo
Pero el grueso de los textos estaba formado por expurgos de biblioteca. En concreto, de la biblioteca de O Calvario, de la época en que Caixanova se llamaba Caja de Ahorros de Vigo, como se podía ver en los sellos de los ejemplares que difícilmente incitarán a nadie a amar la lectura, como el manual de la declaración de la renta de hace 20 años, catálogos obsoletos, folletos y desfasados estudios de Economía y Derecho. Hubo quien incluso se llevó el carrito de la compra lleno de obras descartadas, fruto del expurgo habitual que se lleva a cabo en todas las bibliotecas para retirar fondos. Pero del objetivo principal: leer, mejor no hablamos.