La real villa de Baiona acoge hoy el desfile de trajes que precede a la Festa da Arribada. Diseñadoras locales presentarán a los vecinos las últimas tendencias del siglo XV, reinterpretadas en el siglo XXI. Cien modelos, todos voluntarios, caminarán por la pasarela, luciendo túnicas talares, pellotes, jubones, cofias o calzas. La cifra no tendrá, por tanto, un excesivo glamour, pero seguro que convence a su público. Amigas tengo muy audaces que se pondrían antes un vestido medieval que alguna creación de las que aparecen por Barcelona o Cibeles. Más vale ir de Doña Jimena que de doña Ágata Ruíz de la Prada.
El desfile de hoy es el aperitivo de la Arribada, una fiesta bien tramada y mejor hecha, que se ha consolidado como una gran cita turística. El colapso que vive Baiona en cada edición es la muestra de que las buenas ideas funcionan. En Vigo, ciudad más reciente, tardamos en aprender esto. Durante años, se inventaron toda suerte de extravagancias festivas, que tuvieron su punto culminante en aquel «Madrid se escribe con V de Vigo», con el que se pagó a todos los golfos de la capital unos días de juerga a expensas de las arcas municipales.
Finalmente, tras años de ocurrencias festivas y turísticas, descubrimos que lo que de verdad funciona es lo sencillo. Lo demuestran las colas de estos días para acceder al poblado de O Castro, magníficamente musealizado. En sucesivas legislaturas, la citania vivió en el abandono, convertida en lugar de botellón, mientras se invertían fondos europeos en grandes ideas, como ponerle una casa a las palabras. Hoy, por fin, se da a la cuna de la ciudad el valor que se merece. Y el resultado es un éxito.
Otro tanto ocurre con la Reconquista. Ha tenido que ser el esfuerzo de la Asociación Veciñal do Casco Vello el que haya logrado consolidar la fiesta y ponerla en valor. Las miles de personas que abarrotan el Vigo antiguo en las últimas ediciones demuestran que, en caso de duda, lo mejor es siempre lo más sencillo.
Baiona y su Arribada es buen ejemplo de ello. Y los próximos 6 y 7 de marzo volverá a ver abarrotadas sus calles, en una cita que, además, nos permite presumir de historia. Porque, aquí, en esta ría de Vigo, se vivió el 1 de marzo de 1493 un cambio de edad. Cuando Martín Alonso Pinzón desembarcó de la carabela "Pinta", ante el castillo de Monterreal, anunciando el descubrimiento de América, terminó en ese mismo instante la Edad Media y comenzó la Edad Moderna.
Pocos lugares del mundo podrán presumir de lo mismo, salvo el París de 1789, que alumbró la Edad Contemporánea y la Roma de 476, que vio desplomarse la Edad Antigua. Así que a ver si presumimos un poco?
Queda ahí el dato para los cenizos que aún piensan que aquí vivimos al margen de la historia.