«Esta es mi casa»

VIGO

Tiene la historia médica número 1 desde el 6 de septiembre de 1955, el día en el que se convirtió en la primera paciente de la Residencia. Ahora, ha vuelto a urgencias

25 ene 2010 . Actualizado a las 13:05 h.

El taxi paró en el monte de Santa Rita y las hermanas Josefa y Luisa Lestón Méndez se apearon. Probablemente, alzaron la vista, porque era lo que hacían entonces los vigueses cuando aquel inmenso mamotreto todavía llamaba la atención. Salvaron la larga escalinata señorial, atravesaron la entrada adintelada, flanqueada por enormes columnas que enmarcaban una puerta alta como dos pisos, y entraron en el segundo edificio más alto de España.

Aquel 6 de septiembre de 1955, Josefa se convertía en la primera paciente que ocupaba una cama en la Residencia Sanitaria Almirante Vierna. Veintidós días después, ya recuperada de la operación, cumpliría el ritual de dejar una propina para las enfermeras que la habían atendido y abandonaría el centro sanitario que en 1983 fue rebautizado como hospital Xeral. «Era como un hotel de cinco estrellas», recuerda hoy.

Pasaron 54 años y cuatro meses y Josefa Lestón volvió al Pirulí . El pasado 7 de enero, se presentó en el servicio de urgencias por un fuerte catarro. Y algún médico se quedó impresionado. No por el catarro ni tampoco por los 91 años que no aparenta; sino por lo que apareció en el ordenador al buscar su historial médico. «Número de Historia Clínica: 1», ponía la pantalla.

En su día había entrado en la Residencia Almirante Vierna con cierto temor. Poco tiempo antes ya la habían operado en la calle Velázquez Moreno. Hoy ya no le ocurre, porque los medios han cambiado. Pero entonces... «Es que operarse... se pasaba fatal, todo dolía mucho», explica. Pero aquella intervención, dirigida por el doctor Ángel Reboreda, fue un éxito. Y causó una tremenda expectación. Era la primera. «Me venían todas las enfermeras y todos los médicos a la habitación, a cuidarme y a ver qué tal estaba. Éramos como una familia», cuenta.

La operación no tuvo complicaciones. El doctor le extrajo unos tumores de grasa que tenía en el vientre y pasó las tres semanas siguientes en el hospital. Disfrutó de la comida que servían las monjas y durmió en una habitación individual. Vecina de Sanjurjo Badía, tenía el número 9.955 de la Seguridad Social y trabajaba en una fábrica de ceras y cremas, La Ibérica, en Peniche.

«Vengo todos los años. Es que esta es mi casa, filliño, y tengo que vigilarla», ríe Josefa Lestón, que ha tenido que someterse a varias cirugías, siempre en el Xeral. En mayo cumplirá 92 y tanto ella como su hermana «compiten a ver quién viene más», confiesa de buen humor su sobrino. Pero su historial clínico no abulta demasiado porque no están todos los papeles. Faltan los más antiguos, pero siempre salta a la vista. «Esto está mal, en su historia faltan números», le dijeron en una ocasión, al ver la pegatina con el número 1.

La inauguración

El gran día, en que el dictador Franco, el Caudillo en persona, iba a inaugurar la residencia número 35 de las que construía el Seguro Obligatorio de Enfermedad, Josefa Lestón ya llevaba diez días en una habitación individual. Lo había estrenado todo. Las camas, las habitaciones, los quirófanos, el instrumental médico, las comidas que las monjas servían en bandejas, el ascensor, el suelo de mármol. Algún amigo bromeaba: «Ten cuidado -le decían- que vas a estrenar todo y a ver si no va a estar bien desinfectado...».

Pero aquel 16 de septiembre en que el Jefe del Estado y su mujer entraron con gran pompa y revuelo en la residencia sanitaria pasó completamente desapercibido para Josefa Lestón. Vigo estaba conmocionado por el imponente proyecto del arquitecto Martín José Marcide. «Nosotros nos preguntábamos: ''¿Pero cómo lo hacen allí arriba, tan lejos de todo''», cuenta. Eran dieciocho alturas desde el suelo. Los trabajadores sentían bambolear el edificio, mecido por el viento. Y al propio Caudillo le llamó la atención su altura. Sus 75 metros no perderían el récord gallego hasta 1975, cuando se construyó la torre de Hercón en A Coruña (106 metro).

Cuenta el periodista Xosé Francisco Armesto Faginas en el libro que escribió en el 2005 para el 50 aniversario del hospital, Da residencia ao hospital Xeral , que la presencia del Generalísimo conmocionó aun más el ya apasionante nacimiento de la Residencia. Era Franco. Y no podía inaugurar una residencia sin pacientes. Así que los doctores ingresaron a enfermos que no lo eran. Se cuenta que incluso algún trabajador. Pero Josefa no recuerda nada de todo aquello. Y el Caudillo ni pasó a visitarla.

Y ella se había quedado prendada del hospital. Había contemplado sus vistas privilegiadas. Disfrutó de la luminosidad del edificio, que tenía un gran ventanal en los dos extremos de cada pasillo. «Era, era... Era una cosa preciosa». Era.