Estamos de aniversario. Tal día como hoy, hace 130 años, el Concello aprobaba la creación de la Caja de Ahorros Municipal de Vigo, con el fin «de aceptar en depósito los ahorros de la clase trabajadora, y los efectos de que en casos dados necesiten disponer para atender sus necesidades de la vida». Tan cándido planteamiento deja claro el gran trecho que va desde aquel 1880 hasta el retorcido mundo financiero de la actualidad.
Por iniciativa del entonces alcalde, Manuel Bárcena, conde de Torre Cedeira, se creaba la Caja de Ahorros, germen nuclear de la actual Caixanova. Los estatutos limitaban los ingresos en cuenta «desde la cantidad mínima de una peseta a un máximo de 75». Ningún impositor podía tener una cuenta con más de 1.500 pesetas. Y los intereses eran fijos para todos los clientes, un lustroso 4%, que hoy sería muy atractivo.
La institución financiera resultó un éxito. Consiguió consolidarse, al punto de que, décadas más tarde, llegaría a financiar grandes inversiones de la ciudad, algunas de tanta relevancia social como el Colegio Hogar o el campus universitario de Marcosende.
Aquel año 1880 fue glorioso para Vigo. Fue entonces cuando se aprobó la construcción del puente internacional sobre el Miño, de Tui a Valença.
1880 es la fecha que aparece en el frontispicio del Marco, pues en ese año se inauguró el Palacio de Justicia de la calle del Príncipe. También fue hace 130 años cuando el Gobierno aprobó la Ley de Puertos de España, que declaró el de Vigo «de interés general». Y, entre muchas anécdotas, fue entones la primera vez en que los vigueses vieron la luz eléctrica. El concejal e industrial López de Neira importó una bombilla con diversos filtros de colores. En la festividad del Cristo de la Victoria, engalanó el balcón de su casa con el artilugio, y toda la ciudad salió a maravillarse.
Fue un buen año aquel 1880 que comenzaba con una gran noticia: la fundación, tal día como hoy, de la Caja de Ahorros Municipal de Vigo, por resolución del pleno del Concello. Suponemos que, en efeméride tan redonda, no faltarán fastos y celebraciones en esta institución más que centenaria. Pese al pertinaz temporal que azota estas costas, no hay razón para que, con el habitual buen humor y el entusiasmo vigués, no celebren este aniversario. Podría ser el último?
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