El Valencia se confió tras el descanso, y lo pagó frente a un equipo coruñés que ofreció una gran segunda parte
14 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Guiado por un portentoso Filipe, el Dépor se sobrepuso a las bajas y a Zigic y salvó una eliminatoria que tenía perdida a los 28 minutos. El problema del Valencia fue que la dio por ganada entonces, y se equivocó. Un gol de Filipe y otro de Juan Rodríguez a pase del brasileño sellaron el pase del Dépor, que ofreció una segunda mitad pletórica de casta y talento con el apoyo mágico de un volcado Riazor.
De inicio, los técnicos se sorprendieron mutuamente con sus onces. Lotina mantuvo el esquema habitual, pero desubicó a Filipe en el interior izquierdo, con Manuel Pablo detrás, y otorgó la titularidad a Juca, sin ritmo tras un mes lesionado. Fue lo que se le ocurrió para armar un once competitivo en medio de una plaga de bajas. La lógica situaba a Iván Pérez donde Filipe, y a Juan Domínguez en lugar de Juca, pero el vizcaíno quizá entendió que era demasiado reto para los canteranos.
Por su parte, Emery sentó a Villa y colocó en su lugar Zigic: parecía un regalo, y lo fue, pero envenenado. Para remontar el 1-2, el técnico che confió en una línea de tres mediapuntas (con Domínguez por la derecha, Vicente por la izquierda y Silva por el centro) encargada de surtir a al pívot balcánico.
El Valencia tenía la iniciativa y el Dépor se encomendaba al contragolpe. Era lo previsto. Aunque Lotina había dicho que iba a plantear el duelo sin tener en cuenta el resultado de la ida, sus futbolistas empezaron jugando con tracción trasera. Pagaron su conformismo inicial. Solo aguantaron diez minutos sin recibir un gol, lo que tardó Domínguez en conectar con Miguel, y este en meter una rosca desde la derecha para la cabeza de Zigic que, sin oposición de Laure, remató blando pero con la suficiente fuerza como para doblarle las manos a Manu.
Azuzado por el tanto rival, el Dépor dio un pasito adelante. Consiguió mantener al Valencia unos minutos lejos del área, pero le faltó creatividad. Sin juego interior, con las bandas bien tapiadas por el Valencia y con Bodipo desaparecido, el Dépor no hacía ni cosquillas. Así que el Valencia decidió pegar un segundo estirón. A ver qué pasaba. Y de nuevo entró Miguel por el pasillo abierto en la derecha. Al fondo esperaba Zigic. Manu no salió y el serbio se adelantó a Laure para, de nuevo de cabeza, dar la vuelta a la eliminatoria en el minuto 28. Como el primer tanto, el segundo llegó por la experimental banda izquierda blanquiazul. El partido tenía un toque baloncestístico, pues lo había decidido el pívot. Quizá por ello el Dépor reaccionó como esos equipos de básket que se ponen a lanzar triples desesperados. El equivalente futbolístico son los disparos lejanos, como los que hicieron Filipe y Antonio Tomás.
Sin cambios en los onces arrancó el segundo acto. Fue entonces cuando titiló Filipe. Aprovechó un error defensivo del Valencia para bailar a Marchena, hacer un gol de delantero de toda la vida (min 49) e igualar la eliminatoria. El brasileño, en estado de trance, rozó el segundo cuatro minutos después, pero su disparo fue desviado por Moyá, aunque el árbitro obvió el córner y (todo sea dicho) el brasileño a Bodipo, que estaba solo en el segundo palo.
El Dépor había resucitado. Empezó a presionar arriba y a jugar la pelota con velocidad. Lotina renovó el ataque (Iván y Adrián por Valerón y Bodipo). El equipo mantuvo la intensidad. El Valencia, que había dado por hecho el pase, estaba asustado. Y más cuando Filipe se coló como una culebra en el área y centró para que Juan Rodríguez realizase un remate con el muslo que llevó el éxtasis a Riazor. El brasileño, pletórico, siguió buscando el gol: falló un gol cantado a pase generoso de Adrián (min 74) y rozó la escuadra con un disparo cruzado (min 80). El partido se volvió loco, con llegadas a una y otra área, pero el marcador ya no se movió y la gesta se consumó.