De descender en Tercera con el Portonovo a enfrentarse a un internacional con Italia como Rossi. De jugar toda la vida como central a reconvertirse en lateral derecho bajo la varita mágica de Milo Abelleira. Es la historia de Víctor Vázquez (Marín, 1989) que en su cuarta temporada como jugador celeste y con 20 añitos se convirtió en el séptimo canterano que debuta con Eusebio en el primer equipo.
Álex Martínez, el que fuera técnico del Celta juvenil, fue su descubridor. Víctor jugaba de todo en el Lérez pontevedrés y los técnicos celestes vieron en él a un potencial futbolista. Javier Maté, entonces director del fútbol base, y Rafa Sáez, en el filial, también recomendaron su fichaje. Comenzó entonces un trasiego diario de viajes desde Marín con su padre como taxista hasta que pudo sacarse el carnet de conducir.
En el Celta comenzó en el juvenil de segundo año, al curso siguiente se adentró en el División de Honor y el año pasado comenzó en el Celta B. No le convenció a Alejandro Menéndez y acabó cedido en los últimos seis meses de competición en el Portonovo, que acabó con sus huesos en Preferente.
En el verano regresó a Vigo, Milo no tenía lateral derecho y decidió fabricar uno. «Toda a vida xoguei de central, foi Milo quen me puxo de lateral é a verdade, síntome moi cómodo», comenta el jugador, que hace de la disciplina su razón de ser futbolística. «Afronto. cada partido como se fose o último, non me relaxo e nunca me confío. Intento ser intenso e nunca fago máis do que sei. Quero facer as cousas o máis sinxelas posible». Quienes le conocen aseguran que es el jugador más disciplina del planeta. Se limita a hacer aquello que aparece en la pizarra.
Víctor tiene fama de nervioso, pero en su debut en el fútbol profesional demostró unos nervios de acero. «Sorprendeume xogar, pero cando mo comentaron eu tiña claro que debía xogar como se fose no filial. Limitarme a facer o meu traballo». Y así lo hizo. Daba igual que enfrente estuviese Rossi. Él a lo suyo. Eso sí, al acabar el partido le pidió la camiseta al astro italiano para quedársela de recuerdo. Esa y el 36 que lució a la espalda. «Vou a gardar as dúas de recordo, nada de regalalas».
Después del exitoso debut ayer regresó al filial para comenzar en el partido del Guijuelo. «O meu sitio está no segundo equipo e agora estou centrado no partido co Guijuelo. Non penso para nada no partido de Tarragona», aunque en un principio y dadas las bajas del primer equipo no podría descartarse su inclusión en la convocatoria. Con cinco años de contrato por delante no tiene prisa. Quiere dar pasos firmes hasta convertirse en futbolista profesional. Va por buen camino.