La Voz publicaba ayer una foto sobrecogedora: media docena de pobres, durmiendo apiñados en un cajero. La instantánea fue tomada en A Coruña, donde los albergues están llenos y los miserables buscan por las esquinas un cobijo contra el frío. Pero la misma imagen podrá verse esta misma noche en oficinas bancarias de Vigo, de Pontevedra, de Ourense o de Compostela. Cada día hay más gente muriendo en la calle. En Vigo, se cuentan 24 fallecimientos desde el verano de 2008.
Para paliar el problema, algunos bancos y cajas han tomado medidas. La principal es colgar un cartel: «Este cajero permanecerá cerrado en horario nocturno». Con el cerrojo, impiden a los pobres refugiarse y asunto arreglado. Esta política debe de ser lo que llaman obra social.
Que cada día hay más pobres es algo evidente. Basta darse un paseo por el centro de Vigo para ver mendigos pidiendo en cada portal. Ya no hay puerta de supermercado sin su miserable de guardia y el catálogo de lugares donde pedir limosna se ha ampliado de tal forma que el paisaje humano se extiende a bares o peluquerías. Parece que vaya a llegar el día en que todos los ciudadanos, por la calle, se pidan ayuda unos a otros.
Muchos creían que la crisis sólo se jugaba en las gráficas de la bolsa. Que las estafas de Madoff, de Enron o de las hipotecas subprime hundían solamente a los bancos. Pero la cadena de desastres nos afecta a todos. Algunos han perdido sólo la cesta de Navidad, pues la mitad de las empresas han suprimido la cena de confraternidad y el aguinaldo. Son prebendas que jamás volverán. Otros, han perdido su empleo. Algunos, ya duermen en los cajeros donde antes retiraban su nómina.
Sin embargo, aunque la crisis exigiría medidas excepcionales, la inacción política es, en algunos casos, completa. Como ante el incremento desmedido de personas sin hogar. En este tema, no conocemos ningún plan de la Xunta.
Buen ejemplo de ello, tenemos en Vigo, donde tras dos años de debates estériles, la ciudad sigue sin ofrecer un albergue público a los transeúntes. Como gran novedad, se le ha dado algún dinero a una institución religiosa, para que disponga más camas.
Curiosamente, la propia Xunta es una potencia mundial en albergues, que construye y ofrece gratuitamente, pero sólo para peregrinos. Si llevas una concha de vieira en el pecho, tendrás cama y ducha caliente a tu disposición. En cambio, si eres un desgraciado, dormirás, y tal vez morirás, en la calle. A dos semanas para el inicio del Xacobeo 2010, Galicia ofrece 6.000 plazas en albergues públicos para peregrinos. Y ni una sola en albergues públicos para indigentes.
Seguro que, al «jefe» del Apóstol Santiago, le encantaría un país que cuida más a sus turistas que a sus pobres.