Es en lo que se ha convertido el Concurso de Cartelismo Francisco Mantecón en apenas ocho años. Las cifras, más que elocuentes, hablan por sí solas. En la primera edición se presentaron 70 trabajos, todos firmados por autores gallegos, mientras que en la que acaba de fallarse esta semana lo han hecho 1.400, en este caso llegados de 45 países de los cinco continentes.
No resulta fácil explicar tan meteórica trayectoria. La respuesta hay que buscarla en el piloto de la nave, José María Fonseca, y en el equipo de trabajo del que ha sabido rodearse, en el que María José Sánchez es la copiloto perfecta. El pasado jueves, con motivo de la entrega de premios del concurso, volvió a quedar claro el poder de convocatoria de Terras Gauda.
No faltaron los incondicionales ni, por supuesto, un buen número de concursantes finalistas, los más hechos un manojo de nervios por si Fernando Ónega («el cronista oficial de la bodega» en palabras del presidente de la Xunta) pronunciaba su nombre. Pero lo que no se había visto nunca era tan alta concentración de políticos por metro cuadrado: Feijoo, Louro, Caballero, Molares, Porro, Roberto Varela, Domínguez, López, Figueroa, Méndez... «Hay casi tantos cargos como carteles», empezó diciendo Ónega.
Claro que el periodista, en su línea habitual (¡menos mal!) reservaba más perlas a propósito de esa sui géneris crónica anual que tanto agradece la concurrencia. Más que nada porque espanta cualquier atisbo de sopor propio de este tipo de actos. En ese repaso no faltó una referencia a los respectivos desembarcos presidenciales de Obama y Feijoo. «Con lo cual se arregló el equilibro mundial», dijo.
Sólo aparcó Ónega la ironía cuando pidió a los presentes, especialmente a los que ostentan cargos, que abrieran los ojos, porque detrás de un acto aparentemente lúdico-social, «lo que de verdad hay es un ejemplo de economía sostenible. Esto es como un Xacobeo que se celebra cada año», aseguró.
El que se puso serio desde el minuto uno de su intervención fue José María Fonseca. Y, prácticamente antes de terminar su frase de arranque, se ganó el primer aplauso del auditorio. Vino a decir que aún sabiendo que había muchos asistentes de allende el Padornelo se expresaría en gallego, «idioma de sumar e de acollida» con el que, dijo, algunos pretenden crear un problema inexistente: «É unha trapallada perversa da que temos que fuxir».
Luego habló de ilusión colectiva y de seguir peleando por lograr un escenario adecuado para poder mostrar los centenares de originales que se reciben de todo el mundo. Abel Caballero recogió el guante.
El momento emotivo de la velada, justo antes de que el valenciano Ángel Luis González subiera al estrado a recibir el diploma y el cheque de 10.000 euros que le acreditan como ganador del Francisco Mantecón 2009, lo puso la viuda del artista, Pilar Barreiro: «Son moitos anos de furar na memoria e botar man dalgún feito, dalgunha anécdota que poida evocar algo da túa persoa diante deste público... para que coñezan de ti algo máis que o teu nome».
Lo bueno de esa búsqueda es que ha obligado a Pilar a bucear no sólo en su interior (que también) sino en cajones, estanterías y rincones mil en los que Paco fue dejando su impronta creativa, sus dibujos, sus escritos, sus notas... Tanto y tanto material que, por fin, está prácticamente clasificado y que, según anunció el jueves, verá la luz muy pronto en forma de página web: «Todo o longo traballo da túa curta vida, navegando polo ciberespacio, aberto aos ollos non só do noso entorno, senón tamén aos ollos nórdicos e meridionais, do leste e do oeste, de hoxe e do futuro, que poderán cun so click contemplar e coñecer quen foi e que fixo ese Francisco Mantecón que da nome a ese concurso de cartelismo».
Una vez rematados los discursos llegó otra parte no menos esperada de la velada, la charla animada frente a una copa de vino. Entre otros muchos conversadores estaban Antonio Quesada, García Mañá, Teruca Conde Pumpido, Carmela Pousa, Manuel Buciños, María Xosé Queizán, Pedro Solveira, Merche Castro, César Cunqueiro, Manolo Rodríguez, Mercedes Méndez, Luis Espada, Manuel Sanjurjo... Y, claro, los compañeros de banda (musical) de Fonseca.