Un Celta enrabietado salva a Eusebio

Víctor López

VIGO

06 dic 2009 . Actualizado a las 02:05 h.

Una jornada más, Eusebio salvó una bola de partido. El Celta, y en especial su entrenador, salieron de Montilivi con la sensación de que todos sus encuentros deberían ser en este campo. Tanto en Copa como en la Liga, las citas ante el Girona le han dado a los celestes motivos de satisfacción. Su tercer triunfo de la temporada supone un estímulo enorme de cara al inmediato parón navideño. El cuadro vigués se ha propuesto irse de vacaciones fuera de su lugar común en este campeonato, los puestos de descenso.

El técnico vallisoletano había anunciado cambios. Al final no fueron tantos como se esperaba y solo Jordi en la defensa, y Trashorras en la creación, resultaron sacrificados tras la debacle de Cádiz. La salida viguesa denotaba rabia. El coraje de un bloque maltratado por los resultados se palpaba en el ambiente. Este inicio cargado de furia le llevó a ponerse por delante en el marcador.

Su insultante dominio del balón permitió a Michu colarse directo a la portería catalana. En su carrera le detuvo Tortolero, y el árbitro señaló un penalti tan absurdo como dudoso. Con el especialista Trashorras sentado en el banquillo, Iago Aspas tomó la responsabilidad. A pesar de su juventud, el moañés ha sido el salvavidas de Eusebio en varias ocasiones, y ayer volvió a aparecer al rescate de su promotor batiendo a Jorquera.

El Celta siguió siendo fuerte en lo que hace bien, pero recayó en alguna de esas lagunas que le han condenado a pelear por el descenso. Un error de Catalá pudo costarle el empate. Xumetra desaprovechó una muy buena opción. Después en otro error, Hugo Mallo pudo dejar a su equipo con uno menos pero el árbitro dejó su entrada anaranjada en una simple amarilla, la décima que ve. La jugada tuvo como consecuencia que el de Marín fuese sustituido a los 32 minutos para evitar que el árbitro guardase dudas en su retina.

Por primera vez, a domicilio, los celestes se marchaban al vestuario sintiendo que la mitad del trabajo estaba hecho. En la reanudación, el Girona introdujo cambios con rapidez. Se encontró con otra falta peligrosa a favor. La ejecución de Xumetra fue perfecta pero la respuesta de Falcón extraordinaria.

La lesión de Michu

El único problema que tenía el Celta, era que el marcador estaba aún abierto. Michu pudo cerrarlo. Por dos veces, el asturiano gozó de sendas oportunidades cada cual más clara. En la primera su problema fue colocársela para su pierna idónea, la zurda, y en la segunda, que empaló bien, la fortuna no le ayudó a subir unos metros el larguero, o que el balón perdiese antes altura. En un símil tenístico, la pelota parecía haber pegado en la cinta para caer del lado propio pero fue un efecto óptico.

A los locales le empezaron a surgir aliados. Primero se lesionó Michu, y a continuación, el Girona empató. Un libre indirecto lo terminó empujando Matamala tras el primer disparo de Chechu. Los catalanes se crecieron y atolondraron a un contrario presa del pánico.

Un final disparatado

Tanta incertidumbre, la resolvió Moha. Un fallo del marroquí en una entrega a su portero le costó a Jorquera la expulsión por evitar que Aspas hiciese el gol. El mal catalán no se quedó ahí. En la acción siguiente, el Celta volvió a marcar. Un córner, otra acción de estrategia, permitió a Pedro Botelho hacer el segundo tanto. Con superioridad numérica, y el marcador en ventaja, parecía imposible que los célticos se fuesen sin los tres puntos. Sin embargo, la tragedia volvió a planear con un penalti por mano infantil de Vasco Fernandes. Matamala hizo honor a su nombre y envió el lanzamiento a la grada. Luego el Celta pudo golear, pero eso hubiese evitado el sufrimiento al que este club y su afición se ha acostumbrado.