Iago Aspas es, a pesar de su juventud, un jugador imprescindible en los momentos más delicados. Con 22 años y solo una docena de partido como profesional tiene el desparpajo necesario para no dejar de ser él mismo en las situaciones de más tensión, como la que vivió el Celta en Gerona.
Cuando el colegiado señaló en el primer tiempo el penalti favorable a los celestes y no estaba el lanzador habitual, Roberto Trashorras, en el terreno de juego, Aspas no lo dudó y se fue directamente a agarrar el balón para hacerse cargo del lanzamiento. Es una decisión digna de elogio, cuando el fútbol está lleno de ejemplos de futbolistas internacionales y veteranos que en situaciones límite reniegan de su condición de lanzador habitual.
Valiente al tirar el penalti
Iago Aspas no lo dudó, como reconoció al terminar el partido: «Siempre he dicho que si nadie lo quería tirar yo sería el encargado. No estaba Rober y yo estaba convencido de que lo iba a meter», comentó el moañés.
Destaca que esta victoria sirve para quitarse un peso de encima, porque en el encuentro de ayer hubo algunas fases en que «parecía que nos quemaba la pelota porque estábamos un poco nerviosos».
No es la primera vez que Aspas colabora muy activamente en sacarle las castañas del fuego a Eusebio en sus momentos más delicados. Ayer el técnico sería destituido si el Celta no ganase y la aportación de Aspas, y sobre todo su actitud, fueron determinantes en salvarle la cabeza.
Ya había ocurrido lo mismo la pasada temporada en el partido clave frente al Alavés, en la penúltima jornada, que sirvió para asegurar la permanencia. Iago Aspas todavía no había debutado con el primer equipo en esa liga (lo había hecho la campaña anterior en un partido intrascendente a final de liga). Estaba sentado en el banquillo. Eusebio decidió darle entrada cuando faltaban once minutos para el final del encuentro, con un peligroso empate a cero en el marcador. El primer balón que tocó lo convirtió en oro al marcar el primer gol. La cosa no quedó ahí, pues en el minuto 88 el Alavés empataba. En la siguiente jugada volvió a intervenir Aspas para alojar de nuevo el balón en la portería, darle la victoria y de paso la permanencia al Celta, lo que le llevó a salir a hombros por la puerta grande de Balaídos.
La cosa no queda ahí. Hubo una tercera ocasión. En la sexta jornada de esta temporada, cuando el Celta aún no había ganado un partido y era penúltimo, el puesto de Eusebio también corría peligro al jugar en Huelva. En el Colombino también apareció Aspas para marcar el primer tanto que inició la remontada.