«El AVE destrozó mi vida»

VIGO

La marcha atrás en el trazado del tren dejó a Silvia Fernández sin casa, sin marido, en el paro, con una hipoteca y dos hijos

02 dic 2009 . Actualizado a las 15:46 h.

Silvia Fernández se dio a conocer en el pleno del pasado lunes por una circunstancia un tanto lamentable. Fue por desmayarse en el salón de sesiones tras escuchar las mentiras de los políticos. Ayer, todavía sin reponerse del susto, explicaba que empezó a sentir un sudor frío, a llorar y después ya no recuerda nada. Perdió el conocimiento y tuvo que ser evacuada por la Policía Municipal y trasladada al centro médico Povisa, donde se le diagnosticó una crisis de ansiedad y la tensión por las nubes.

«El AVE destrozó mi vida». Son sus primeras palabras antes de relatar las calamidades por las que ha pasado con tan solo 33 años. La pérdida de su marido y su casa solo son dos detalles. Todo empezó en el 2006 con una carta del Ministerio de Fomento en el que le comunicaba que su vivienda de Teis sería expropiada con carácter urgente para construir el trazado del AVE y que tendría que dejarla.

La vecina se trasladó con su familia (marido y dos hijos) a otra más modesta en una parroquia de Baiona, que compraron con una hipoteca con el ánimo de liquidarla cuando le indemnizaran por la suya.

Dos años después, el Ministerio le comunica a ella y a otros vecinos en su misma situación que ya no necesita sus casas porque se ha variado el trazado y no les afecta.

A esas alturas su antiguo hogar ya estaba destrozado. «Tenía okupas y habían arrancado todo, se habían llevado los muebles de la cocina, estaba lleno de jeringuillas, condones, parece una escombrera», explica la mujer.

A trabajar fuera

Para conseguir esa casa tuvo que irse con 17 años a Inglaterra y dejar a su hija de apenas un año con los abuelos. Cuando regresó ya iba a cumplir ocho. Con los ahorros de esa etapa ella y su marido consiguieron comprar una casa vieja y recuperarla. Un día arreglaban el tejado, otro, una ventana. Así hasta que la hicieron habitable.

Desde que empezaron los problemas con el AVE su marido, que ya estaba delicado como consecuencia de un accidente, fue enfermando de forma progresiva, primero con una depresión, al verse impotente, y luego con una crisis psicótica. «Empezamos a ir a reuniones del AVE, pasó un año, año y pico y mi marido estaba cada vez peor, empezaba a tener actitudes extrañas y aunque intenté mantenerlo al margen, se enteraba, se puso muy mal y tuve que ingresarlo», comenta.

Pero el drama no acabó ahí y después llegó el divorcio. Su hijo pequeño también acusó las circunstancias y empezó con problemas.

Ansiedad

Con tal panorama Silvia Fernández padece un cuadro de ansiedad y está a tratamiento, no duerme y no vive, pero tiene que mantener el tipo en casa. De hecho, tras el desmayo sufrido el lunes, su única preocupación era ir a buscar a su hijo al colegio.

En la actualidad Silvia se encuentra en el paro, cobrando 420 euros, con dos hipotecas a sus espaldas para evitar que le embarguen la nueva vivienda y a punto de quedarse en la calle si Fomento no adopta pronto una solución. Hasta ahora ha sobrevivido gracias a la ayuda de la familia y, sobre todo, a la fortaleza de su hija mayor.

Mientras tanto, los políticos se lo toman con calma. El Ministerio le ofreció por su casa la mitad del valor y el Concello no ha conseguido nada. Como Silvia hay otras cuatro familias, que aunque no se desmayaron en el último pleno lo están pasando tan mal como ella. Se encuentran desesperadas ante una situación crítica que hasta ahora nadie se tomó en serio.