Quieran los dioses que no cunda el ejemplo de Alicante. Porque, en la provincia turronera, el alcalde de un pueblo ha sido detenido, acusado de encargar el asesinato de su predecesor. El caso es un peldaño más en la crispación pública vigente, proceso por el cual, en pocos años, nuestros próceres terminarán dirimiendo sus asuntos a piedras y palos, como en la Edad de las Cavernas. El troglodita que levantaba mámoas en Marcosende, y labraba petroglifos en Coruxo, hacía política a estacazos, cuando disponía de garrota absoluta, y era a su vez apaleado cuando sus vecinos, un pelín hartos, se unían en garrota bipartita.
Esta forma noble de ejercer la cosa pública estaba, por desgracia, cayendo en desuso. Ahora, gracias a la localidad levantina de Polop, con sus asesinatos, recobra toda su fuerza, en lo que no es sino el camino natural que nos lleva de nuevo a las cavernas.
Volver a los Picapiedra devolvería a la política buena parte de su lustre perdido, pues no hay mayor nobleza que la de partirse la cara en persona y directamente. Cuando el alcalde de un castro quería hacer campaña, se plantaba en la cueva del vecino y le partía un mamporro en la cabeza. Esto es lo que se llama política de proximidad. Hoy, sin embargo, cualquier presidente de Estados Unidos puede gobernar el mundo sin salir de su despacho: Apretando un botón, despega hacia sus vecinos una garrota teledirigida.
Confiemos, sin embargo, en que esta vuelta a los orígenes no se haga a la tremenda. Cuando, en las últimas semanas, el presidente provincial del PP, Rafael Louzán, afirma que ya tiene en la mirilla media docena de ayuntamientos que van a «recuperar» -son suyos, de su propiedad, y se los han quitado-, esperemos que no se apresure en volver al Hachelense, ni mucho menos en explorar las formas de su compañero de partido de Alicante.
Tampoco en Vigo debería cundir el ejemplo. Aunque nuestro gobierno municipal ha ganado cierta calma, apenas entendemos que, hace un año, la noticia de un asesinato por encargo no se hubiera dado en la Praza do Rei. Que, en Polop, el acusado del crimen fuese el teniente de alcalde no debe dar ideas a nadie. Tengamos, por ahora, la fiesta en paz.
Es mejor serenarse y esperar, antes que encargar crímenes a la tremenda. Porque al paso que va el mundo, en lo climático y lo económico, es probable que, muy pronto, volvamos a las cavernas. Lo cual, para Vigo, entrañará grandes ventajas. De una parte, nuestros políticos podrán liarse personalmente a garrotazos. De otra, el desempleo será eliminado: nos veremos todos en Porriño, en las canteras del señor Rocadura. Y, para Citroën, se abre un esperanzador futuro. Cuando se agoten las ayudas para coches eléctricos, podrá convertirse en el primer fabricante mundial del troncomóvil.
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