El popular juego del Trivial incluía una tarjeta con la siguiente pregunta: «¿En qué provincia está Vigo?». Ante tal cuestión, no había un gallego que acertase. En el reverso de la cartulina venía la respuesta: «La Coruña». El pasado jueves, el informativo de una gran cadena estatal anunciaba en titulares: «Incendio en una fábrica de pinturas en Vigo (La Coruña)».
Para ser precisos, diremos que lo segundo es un error, pero no lo primero. Vigo está, por supuesto, en A Coruña. Siempre que nos refiramos a un lugar de 191 habitantes ubicado en el municipio de Miño. Si hablamos de la mayor ciudad de Galicia (otra pregunta del Trivial), todos sabemos dónde estamos.
La cuestión es que, en las últimas semanas, hay quien comienza a creerse lo de Vigo (A Coruña). Ante el tormentoso debate sobre el futuro de las cajas, resurgen banderas y consignas de antaño. Parece que volvamos a los tiempos en que el «viguismo» de Leri rivalizaba con el «pancoruñesismo» de Francisco Vázquez.
Resulta innegable que las dos ciudades rivalizan desde hace quinientos años. Las trabas coruñesas para que el puerto de Vigo comerciase con América datan ya del siglo XVI. Pero no es menos cierto que, a lo largo de la historia, los obstáculos vinieron también de Tui, de Baiona o de Pontevedra, en lo que es una inevitable competencia entre vecinos.
Vigo llegó a estar casi en guerra con Bouzas, cuando esta villa era la protegida de la mitra tudense. Y tan ridículo suena hoy esto, como debería parecernos que perviva la competencia con los vecinos norteños.
Porque A Coruña y Vigo no tienen razones para pelearse. Bien al contrario, tienen problemas comunes, únicos en Galicia.
En lugar de rivalidades de corte futbolero, deberían ambas urbes trabajar juntas, y defender lo suyo. Este país se gobernó mucho tiempo para el minifundio. Aquí se hizo en cada aldea un auditorio fastuoso, siempre vacío. Y se abrió en cada parroquia un polígono industrial, tan desierto hoy como el día en que se colocó la primera piedra.
Ante esto, las dos ciudades, en lugar de hacer demandas conjuntas, se han dedicado a pelearse.
Sería deseable que, en lugar de volver a los tiempos de «turcos» y «portugueses», ambas ciudades hiciesen un esfuerzo por entenderse. Claro que, a dos horas en tren, y a 20 euros de peajes por autopista, está claro que los del Norte y los del Sur seguimos viviendo muy lejos. Y este tema, por ejemplo, no interesa. Lo importante es el fútbol.