Es un dulce redondo y se llama rosquilla, por su forma . Si están frescas, se pueden consumir todo el año. Aunque, desde que se instauró la crisis, ya no hacen honor a su nombre, porque no se venden con la misma facilidad que preconizan. Lo sabe muy bien Josefa Pérez Martínez (44 años). Es natural de Rubiós, pero vive en Salceda de Caselas. Lleva media vida vendiéndolas. Estos días monta su puesto en la calle Pizarro, junto al Hospital Xeral. «Las rosquillas tampoco se salvan de la crisis económica, porque ahora no vendo ni la mitad que antes», lamenta. -¿Por qué zonas se mueve? -En el verano voy por casi todas las fiestas y romerías. También es buena fecha en los carnavales y Navidad, con las comparsas. Hasta el mes de febrero voy a estar por esta zona del Xeral. -¿Le regalan muchos dulces a los enfermos? -Bastantes, aunque no sé si se los dejarán comer. -¿Dónde las compra? -En Ponteareas. Cuentan con más fama de toda Galicia. -¿A cuánto las cobra? -Las bolsas son de 12 unidades y la pequeña, junto con la mediana, las vendo a 3 euros, mientras que las grandes a 4. Pero, si alguno está en el paro, le hago precio anticrisis y le rebajo medio euro. -¿Le gustan? -Sí, pero no puedo comer muchas porque tengo diabetes. -¿Cuándo dispondrá de rosquillas para gente diabética? -Se lo dije a la confitera, pero aún no se decide a hacerlas, hasta que no aumente la demanda. -¿Por qué se hizo vendedora? -Lo heredé de mi suegra, porque mi marido quiso ser pulpeiro. -¿Sabe hacerlas? -No. Un pastel, y malamente. -¿Alguna anécdota? -Alguno me dice que no las compra por el colesterol. Pero, si se las regalan, bien que se las come (risas).