En muchos casos, dice, no está clara la diferencia entre qué es un trastorno de personalidad y qué es solo la personalidad
13 nov 2009 . Actualizado a las 11:37 h.Tienen grandes problemas de relación con los demás. Es la gente con trastornos de personalidad, a cuyo estudio se ha dedicado su vida científica John F. Clarkin (Kansas, EE.UU., 1938), que interviene hoy en unas jornadas del Foro Gallego para el Estudio de la Personalidad, en el centro social Caixanova.
-¿Cómo es la gente con trastorno de personalidad?
-Es gente que no tiene una percepción precisa de sí misma y una percepción bastante precisa de los demás. Pueden verse a sí mismos como terribles o como fantásticos y tienen problemas de relación con otra gente.
-¿Y un 'borderline'?
-Podemos medir si el trastorno es leve, grave o muy grave. Muy grave sería una persona antisocial, que puede llegar a matar. Borderline es la grave. Pueden estar cariñosas y amables en un momento y desagradables y enfadadas en otro.
-Ponga un ejemplo de trastorno de personalidad.
-Gente que depende de los otros, que no puede tomar decisiones por sí mismo y tiene que preguntar a los demás. Necesitan siempre recibir un estímulos positivos.
-¿Cuánta gente tiene trastornos de personalidad?
-Probablemente, entre el 1,5 y el 2% de la gente.
-¿La sociedad es consciente de esta realidad?
-Los periódicos están llenos de gente...
-Se refiere a los políticos.
-No solo. En EE.UU., hemos visto ejemplos de matanzas. La sociedad sabe que hay gente que es distinta y que es difícil entenderla. Otra área en la que la sociedad es consciente de que existen es en los matrimonios. Hay matrimonios que rompen porque uno de los dos tiene un trastorno de personalidad.
-Los trastornos de personalidad deben ser tratados por especialistas, ¿pero hay que hospitalizarlos siempre?
-No. Intentamos mantener a la gente fuera del hospital lo máximo posible, que la gente mejore dentro de su realidad.
-¿Hacen falta unidades especializadas en los hospitales?
-En general hay tratamientos para la gente con trastornos muy graves, muy antisocial. Es muy difícil tratarlos porque en muchas situaciones no quieren ser tratados y no cooperan. Para los casos borderlines , la experiencia dice que si son tratados con la gente menos grave, pueden afectar a esta. Lo lógico es tratar a esta gente en unidades especializadas. En USA, se suele hacer una hospitalización corta, y vuelven a la comunidad.
-¿Ha crecido el número de personas con trastornos?
-Es difícil responder. En EE.UU., la psiquiatría definió los trastornos de la personalidad en 1980. Es difícil saber cuántos había antes y si hay más. Ahora somos más conscientes y entonces se diagnostican más. Hay gente que dice que sí se incrementa, porque en muchas sociedades la estructura social está rompiéndose, hay menos cohesión familiar. La idea es que si la gente no tiene estructuras cuando va creciendo, es más propensa.
-¿Avanzan los tratamientos?
-En los casos graves (borderline), se ha mejorado en que hay guías clínicas y en que tenemos datos empíricos de tratamientos específicos definidos y se sabe si los pacientes responden. En general, sabemos que si tratamos a los pacientes por encima de un año, mejoran significativamente. No curan, pero mejoran.
-Es imposible curar.
-No sabemos cómo curarlo, si curar es tener una personalidad normal. Yo creo que no.
-¿Toda persona dependiente de otra está enferma? ¿Y todo aquel al que le cuesta relacionarse con otro? ¿Dónde está la frontera entre lo que es enfermedad y lo que no lo es?
-Hay un gran debate sobre si hay una diferencia categórica entre lo que es normal y lo que no lo es. ¿Es como un embarazo (que es o no es) o es como la presión sanguínea? Es muy clara la diferencia entre alguien normal y alguien con un trastorno muy grave, en la mayoría de los casos también en los graves. Pero si el trastorno es leve, no está tan claro. Me imagino que su madre o la mía dicen de nosotros que somos normales. Otros dirán: «Tienen días...». La belleza de gran parte de la medicina es que tiene pruebas para medir qué es y no es normal. Con la personalidad hay que observar, ver cómo interactúa y preguntarle por sus síntomas. Tenemos instrumentos para ver cómo funciona el cerebro, como la resonancia magnética.
-Decía que en los periódicos salen historias extremas. Muy a menudo también hay mucha gente con afán de protagonismo, delirios de grandeza, mentirosa... los políticos. ¿Encuentra ahí muchos trastornos?
-No solo los políticos: médicos, abogados, periodistas... Pero en un político habría que ver dos cosas. ¿Quién en su sano juicio aspiraría a un cargo público?: es un trabajo horrible, con grandes responsabilidades, la gente te odia o te ama. Hay políticos que son muy narcisistas y quieren impresionar a otros, tienen un alto concepto de sí mismos, se creen mejores y entonces dan discursos. El problema es cuando no es solo narcisista sino también antisocial, cuando miente, es deshonesto, utiliza su cargo para su propio interés.