Llegó el primer triunfo en Balaídos, el Celta se da un respiro aunque no salga del descenso pero el futuro sigue pintado de nubarrones. El Castellón no ofreció nada en Vigo más que argumentos que le confirmasen como el último de la fila. Ni reaccionó cuando el árbitro les metió en el partido con un más que dudoso penalti, pero aún así el cuadro local acabó con el miedo en el cuerpo, con un marcador demasiado apretado y cuajando un partido que no pasará a la historia. En esta ocasión hubo eficacia, aunque no de los delanteros, y el arrojo necesario para sacar adelante el duelo y burlar el puesto de colista.
En otras ocasiones, en partidos de necesidades evidentes, el Celta había salido desbocado y directo, pero el sosegado discurso de Eusebio también ha prendido sobre el campo. El Celta dominó, tuvo el balón y se cansó de dar pases horizontales, pero tampoco encerró de inicio en su cueva a un Castellón predispuesto a ello.
La principal virtud del Celta fue su acierto en los momentos culminantes. Nunca hasta la fecha había hecho diana en el primer tiempo y ayer lo consiguió por partida doble. Trashorras avisó en la primera llegada, Michu le siguió con un zurdazo poco consistente, pero el tercer balón que cogía portería fue para dentro. Con Arthuro en su inservible papel tuvo que ser un central quien cabecease un centro preciso de Trashorras. Lo hizo Jordi con maestría y colocación por el palo largo. Sucedió a la media hora.
La siguiente oportunidad, al filo del descanso, también fue para dentro. Michu -que cuajó un partido inmenso- se aprovechó de una licencia defensiva y a tropicones llevó el balón al fondo de la red.
Antes el Castellón había emitido un tímido aviso, con un par de balones colgados y una llegada franca de Uranga que Falcón desbarató de un modo provindencial.
Penalti inverosímil
Los levantinos todavía incidieron más en su mediocridad en el arranque del segundo tiempo y el Celta pudo dar la puntilla en un robo de Trashorras y en un remate de Michu, pero una jugada polémica se encargó de darle vida. Pérez Montero pitó un absurdo penalti por un presunto derribo de Catalá y Ulloa marcó con un disparo a media altura. Con media hora por delante, el partido adquiría otra dimensión.
A partir de ahí el Castellón pasó a tener el balón, pero jugó igual de mal y no volvió a acercarse a la portería de Falcón durante muchos minutos. En plena recta final un escorzo de Ulloa puso al celtismo en alerta. Poco después fue Guzmán quien encogió el corazón de unos cuantos.
Lo mejor del Celta fue que no perdió la compostura y demostró unos nervios de acero. Arriba tan solo un disparo lejano de Danilo llegó a inquietar de verdad a Lledó, pero al menos los celestes supieron controlar el duelo, dejar pasar los minutos en zonas de nulo riesgo y minimizar los errores dentro del área. Argumentos más que suficientes para suscribir el primer triunfo en casa al sexto intento, aunque baldío para salir del descenso. Sus directos rivales también reaccionaron y al menos los vigueses tendrán que convivir una semana más en el abismo.