Público y privado

VIGO

La Plataforma pola Defensa da Sanidade Pública ha vuelto a la calle. Y lo ha hecho con éxito, a la vista de la masiva asistencia a la manifestación del jueves en Vigo. El reproche, merecido, sería saber por qué este dinámico colectivo desapareció durante el cuatrienio de gobierno bipartito. Cierto que, durante el mandato de Touriño, se atendieron algunas de sus históricas demandas, entre ellas el desmantelamiento del Medtec, engendro entre lo público y lo privado impulsado durante la gestión de los conselleiros Romay y Cochón. Pero es improbable que todo se hiciese bien durante el gobierno bicolor, como sugiere la desmovilización que vivió la plataforma en esos años.

En cualquier caso, la resurrección ha sido exitosa, con una elevada participación.

Y, a diferencia de tiempos pretéritos, el gobierno del PP ha respondido con ponderación, con declaraciones bastante mesuradas de la conselleira Farjas, intentando explicar su posición sobre el hospital de Vigo. La única sobreactuación la puso el portavoz socialista, Pachi Vázquez, con frases como «Vigo enviou a gran alarma sanitaria», grandilocuencia con mucho de arenga y poco de contenido.

De todo lo sucedido con la manifestación, yo me quedo con la reflexión de un participante, que expuso una pregunta de gran sentido común: «¿Por qué no hay dinero público para hacer un hospital y sí lo hay para la Cidade da Cultura?». Ante esto, qué decir?

Puede objetarse que las obras del monte Gaiás valen para todo. Que se han convertido en el gran referente para criticar. Que están en boca de todos. Pero es que no puede ser de otra forma. La aberración concebida por Fraga en un monte pelado santiagués es una lacra para Galicia. Un despilfarro aún más indecente en tiempos de crisis.

Por eso tiene razón el manifestante. ¿Qué político nos va a decir que no hay dinero público suficiente para un hospital cuando lo hay para el proyecto de Eisenman? ¿En qué país vivimos? ¿Por qué se gasta en museos vacíos cuando no hay para sanidad?

Situaciones como ésta, hacen aún más terrible la indecencia del Gaiás. La conselleira de Sanidade no puede defender que necesita capital privado para un centro hospitalario, mientras el de Cultura se gasta un potosí en una obra faraónica e inútil.

Tampoco otras obras resisten la comparación con el complejo cultural santiagués. Un ejemplo es el auditorio vigués de Beiramar, que sólo fue desbloqueado cuando se incrementó su privatización. Que el primer auditorio para Vigo tenga que depender de capital privado es injusto cuando hay dinero público para el Gaiás, en una ciudad, Compostela, que además no puede tener queja sobre dotaciones culturales.

Ejemplos, hay más. Pero el caso del hospital es más sangrante. No hay dinero para lo básico y sí para tirarlo en lo accesorio. Parece que este país no tiene remedio?