Una gran flota en miniatura con base en A Guarda

VIGO

De pequeños hacían sus barcos con latas y de veteranos construyen réplicas

23 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Con nove anos facía barcos de lata para min e para os meus amigos, xogabamos todos na ribeiriña atándolles unha corda na proa e, ás veces, metíamoslle lume dentro para asar lamparóns». Nieto e hijo de marineros, José Luis Lomba, heredó también de su padre la habilidad para los trabajos manuales, «porque sempre me gustou facer de todo». «Xa cando eu era pequeno fíxome unha bicicleta de madeira que era a envidia da época», recordaba ayer este guardés, que sigue yendo al barco cada día a pesar de haberse jubilado hace diez.

Eso sí, desde entonces, ha estado sin embarcar. Solo en tierra, a partir de las diez de la noche y como afición. «Despois de cear, mentras a miña muller fai encaixe eu lle adicou unhas tres horas a facer os meus barcos, xa teño a mesa serrada pero a tapo co mantel», explica. Muchos guardeses comparten esta afición. Villa de tradiciones por excelencia, es una de las pocas gallegas en las que los ahora ya veteranos siguen perfeccionando aquellas técnicas en las que se iniciaron con las latas y la cuerda a mediados del siglo pasado.

Pocos más útiles asegura que tiene José Luis. «Gústame facer de todo pero non teño ferramentas», afirma. Sin embargo y, de forma totalmente artesanal, ha construido ya más de una veintena de embarcaciones. Casi todas de madera aunque también alguna de latón. De hecho, su taller fue uno de los más demandados durante el certamen de tradiciones marineras que se celebró a mediados del mes pasado en su localidad natal.

Retomó la actividad que en su infancia era juego casi por casualidad. «Un señor que estivo en Suiza encontrou un día tres planos de barcos na casa, déumos e un impúxome bastante», afirma. El buque en cuestión era el Victory , «no que andou o almirante Nelson gañou a batalla de Trafalgar». Es el que atesora con más cariño y el que más costó. «Tardei seis meses e o fixen con caixas de froita», explica. Desde entonces, más de una veintena han salido ya de su mesa, como la carabela La Pinta , en la que trabajó a partir de la foto que le dieron en su visita a la réplica baionesa. El último, el velero Bauty y, en el horizonte, una goleta portuguesa.

Fibra de vidrio

Javier Castro Rodríguez también comenzó de niño haciendo barcos de lata, «como todo o mundo», pero su afición fue por un rumbo bien distinto. El presidente de la asociación Espaderos Guardeses realiza desde hace años réplicas navales al detalle elaboradas con precisión suiza. La mayor parte de sus maravillas en miniatura están en organismos públicos o astilleros. Muchos de los encargos que recibe los deriva en su amigo Jesús Abellán. «Siempre hay encargos pero no tiempo porque los astilleros te marcan un calendario», afirma.

Una de las réplicas navales de Javier Castro está en el Ministerio de Medio Ambiente. Se trata de la maqueta del Vizconde de Eza , uno de los oceanográficos más avanzados del mundo, que se construyó en el astillero Montajes Cíes. No es de extrañar que, aunque ya hayan pasado diez años, Castro asegure que «fue el más laborioso por la cantidad de detalles». El Ministro recibió la réplica confeccionada en fibra de vidrio el mismo día de su botadura oficial. Realizó trabajos en madera pero luego se centró ya solo en la fibra de vidrio por su duración, «con garantía para toda la vida». Lo que más ha construido son palangreros, aunque también tiene arrastreros o atuneros. «Lo más importante es la escala, es lo que más valoro porque la maqueta no puede ser lo más parecido al original, tiene que ser igual», afirma. Él lo ha conseguido porque resulta imposible diferenciar en fotografía y con el mar de fondo cuál es la réplica.

De hecho, le encargaron hasta otras ocho del Vizconde de Eza pero acudió a su amigo. Es difícil cuantificar las horas de trabajo o piezas de una maqueta, porque superan las mil. Son obras de arte que rondan los 10.000 euros, como el Llave de Burela .