El incidente protagonizado hace una semana por marineros de la OTAN en el arenal vigués tuvo un precedente real en octubre de 1719, que acabó con el saqueo de Vigo
19 ago 2009 . Actualizado a las 11:33 h.Hace solo una semana, un grupo de marineros ingleses se divertía en la playa de Samil, provocando un incidente internacional que solo se solucionó tras las disculpas presentadas por sus jefes a la ciudad. Mucho más preocupante fue la presencia, en el mismo escenario, de unos antepasados de estos gamberros en octubre de 1719.
A primeras horas de la mañana del 10 de octubre, cuarenta navíos de la Armada británica asomaban sus proas por las Cíes, bajo el mando del vicealmirante Michells (Muchellos, según la bibliografía tradicional gallega). Era la respuesta al apoyo que España había prestado meses antes a los rebeldes escoceses. Fermín Bouza Brey recuperó y publicó, en los Cuadernos de Estudios Gallegos, un diario de aquella invasión.
A las dos de la tarde, de aquel 10 de octubre de 1719, comenzó el desembarco de las tropas británicas. Cinco mil hombres de infantería y caballería tomaron tierra en el arenal de Samil para, poco después, montar un campamento en la propia parroquia de San Paio de Navia. Cabe suponer que hubo alguna escaramuza durante el desembarco porque Bouza Brey señala que los ingleses tuvieron algunas bajas. El desembarco de los once batallones se completó al día siguiente.
Lluvia de bombas
El día 12 de octubre, los británicos, que estaban comandados por el general Cobbam, trasladaron su campamento a los alrededores de Bouzas, desde donde enviaron un emisario a Vigo para reclamar su rendición. Tras celebrar un consejo de guerra, y ante la certeza de que la villa sería bombardeada, el gobernador José de los Herreros renuncia a defender la villa y concentra sus efectivos en el interior del castillo de O Castro. Poco después comienza el bombardeo de la fortaleza. En su interior, ochocientos soldados y paisanos se preparan para resistir, mientras el capitán general de Galicia, marqués de Risburgh, organiza el contraataque.
Tras entrar en Vigo por la puerta del Berbés, los ingleses desembarcaron la artillería necesaria para iniciar el asedio del castillo. La mayor parte de los morteros fueron situados en la zona de la Ferrería, desde donde dispararon sin cesar, primero, con escasa puntería y, después, provocando una lluvia de bombas sobre la fortaleza.
El día 14, el campamento británico se trasladó a la parroquia de Coia, donde permaneció hasta la toma de O Castro. Se describe el interior del castillo, en el diario publicado por Bouza Brey, como un lugar sin protecciones, con un único refugio en una mina, que fue aprovechada para alojar a los heridos.
El día 17, el bombardeo deja malherido al gobernador, que fue evacuado a Porriño, Se hizo entonces con la dirección de la defensa el coronel Fadrique González de Soto. Al día siguiente, un oficial británico se acercó al castillo para solicitar la rendición, obteniendo el rechazo de González de Soto, quien le mintió, diciendo que tenía municiones suficientes para resistir. La situación era muy diferente. Los soldados estaban todos heridos.