Humanícese a sí mismo

VIGO

Si, en el siglo XXI, arreglar las calles genera molestias, en el XVII era un auténtico suplicio. Hace cuatrocientos años, las «humanizaciones» en Vigo se hacían en verano, con la particularidad de que eran los vecinos los que tenían que picar la piedra y adecentar el pavimento. Los meses de junio, julio y agosto, los más secos del año, eran aprovechados para reparar las calles, labor que hacían los propios vigueses, no por gusto, sino por orden del ayuntamiento, institución que, como vemos, siempre se ha ocupado de dar cargas y quehaceres a sus vecinos.

Para empezar, baches ha habido siempre. En 1643, un informe municipal afirma: «Las calzadas de la villa están destruidas de tal manera que casi no se puede andar por ellas». En consecuencia, el Concello asigna 400 reales para arreglos, aunque obliga a los vigueses a colaborar «acarreando piedra».

Como los problemas de Vigo, hoy y siempre, se hacen eternos, cinco años después, en 1649, la situación sigue siendo la misma. Y los munícipes asignan otros 400 reales.

En 1660, un nuevo informe dice que las calles siguen impracticables. Y, en 1664, el problema se mantiene, agravado por la estancia en la villa de varios batallones militares que participaron en la reciente guerra contra Portugal. En esta ocasión, el Concello decide contratar a canteros, aunque se obliga a los gremios de pescadores y comerciantes a pagar a estos profesionales.

Con este panorama, los veranos de Vigo en el siglo XVII debían de ser temibles. Hoy nos quejamos de los atascos que provocan las obras cuando nos dirigimos a las playas. Hace cuatro siglos, los vigueses «veraneaban» en las obras mismas, bronceándose mientras cargaban piedra y reponían losetas.

En el verano de 1666, vuelven los arreglos forzosos y ya en 1668 la orden municipal dicta claramente que cada vecino «desta villa reparará lo situado en el frente de su casa». Ese año, los trabajos se ejecutarán a lo largo del mes de junio y, en varias zonas, dejarán Vigo bastante presentable. Un informe del Concello asegura que, llegado el mes de julio, han quedado arregladas «las calles que miraban al frente de las casas del Berbés».

Pero, hacia finales de la centuria, las obras de construcción de las murallas, que se habían iniciado en 1656, volverán a desbaratar las rúas y a llenarlas de baches y socavones.

Así que no todo tiempo pasado fue mejor. Hace cuatrocientos años, el «Plan E» lo hacía cada vecino, que «humanizaba» en verano, y con el sudor de su frente.