Elogio al «vitrasero»


Nadie lo merece más que ellos. Urge nombrar Vigueses distinguidos a los conductores de autobús. Hay que darles la Medalla de Oro de la Ciudad. Y ponerles parque, jardín o calle: avenida de los Héroes de Vitrasa. Aunque suene a Mártires de Al Aqsa, o a rúa del Bagdad de Sadam o de La Habana de Castro, no se merecen menos. Porque el 2009 que lleva esta gente es como para erigirles un monumento.

Estos días he viajado bastante en autobús. Y, para mi sorpresa, me he encontrado con muy buen rollo. A las obras que tienen Vigo como el Líbano, se han venido a sumar en las últimas semanas los disturbios del metal. Viviendo en un permanente atasco, obligados a desvíos inverosímiles, incapaces de cumplir los horarios, aguantando las protestas del usuario y trabajando, en general, en condiciones ciertamente difíciles, uno hubiese esperado de los chóferes un proverbial mal humor. Los imaginaba gruñendo, maldiciendo, jurando y dando malas contestaciones. Ha sido todo lo contrario.

Lo hablo con otros usuarios y, la verdad, salvo raras excepciones, parece que el fenómeno es real y observable. Los conductores del transporte público, resignados a su suerte, no solo resultan muy amables, sino que en estos meses se desviven por dar explicaciones sobre los desvíos y dificultades de la ruta.

Habrá quien tenga experiencias contrarias y muy negativas. Pero no es mi caso. Bien al contrario. Otra cosa, claro, pueda ser la razón por la que estos chóferes son tan amables. Y podría encontrarse en que, a un cierto nivel de caos, ya están acostumbrados.

Al fin y al cabo, trabajan para una compañía que mantiene una trama de líneas difícilmente inteligible. Llegar a una parada y encontrarte con la C4B, la C4C Inversa, la C9A, la C9B y las no menos retorcidas C15A, C15B y C15C no parece lo mejor para que el usuario se aclare. Tampoco, los conductores. De los que suponemos que, una vez que se aprenden las líneas, están ya preparados para todo, sea circular por Vigo en obras, sea hacerlo por Beirut Oeste o por un barrio de Tikrit.

En cualquier caso, hay que felicitar a los conductores de Vitrasa por su aplomo en estos días difíciles. Y apelar a su entereza ante los que se avecinan. Porque, por si fuera poco lo de las obras y los disturbios, este mes todo se complica. El alcalde Caballero acaba de anunciar que, una vez a la semana, irá en autobús a cubrir su agenda diaria, dejando aparcado el coche oficial.

No se duda de que el gesto honra al alcalde, que tal vez comprenda mejor a su ciudad cuando viaje con sus vecinos en transporte público. Lo que parece improbable es que la medida satisfaga a los chóferes, cuando se aproximen a una parada y vean, tiesos y expectantes, dando el alto, a Caballero con todo su séquito. Por si acaso, y en beneficio de los aurigas, hay que recordar vivamente que está prohibido hablar con el conductor.

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