La frustrante casa consistorial

VIGO

Cuando en junio de 1971 se aprobó el anteproyecto del nuevo edificio municipal nadie se imaginaba que iba a ser tan rechazado por el gusto de los vigueses

24 jun 2009 . Actualizado a las 11:32 h.

Se presupuestó en 90 millones de pesetas, pero su gasto total superó los trescientos. Estaba previsto que su construcción durase 36 meses, pero se prolongó por más de cinco años. Alguien auguró que daría servicio a la ciudad durante un siglo, pero ya le están buscando sustituto. La historia de la casa consistorial viguesa está cargada de contratiempos y por la crítica unánime de toda la ciudadanía, que nunca apreció tal adefesio. Quizá por ello no tenga padre, ya que el proyecto fue suscrito por la delegación viguesa del Colegio de Arquitectos, aunque parece que no de forma unánime.

«Jurídicamente nace hoy el hogar para todos los vigueses», decía el alcalde Antonio Ramilo, durante un pleno celebrado el 30 de junio de 1971. La frase se pronunció tras la presentación del anteproyecto del Palacio Municipal de Vigo, edificio que pretendía jubilar al antiguo consistorio ubicado en la plaza de A Constitución.

En aquel pleno, el alcalde interrumpió al secretario municipal cuando este aportaba detalles de la obra. «Más que datos técnicos, había que romper una lanza en favor del alma del edificio», sentenció Ramilo.

El desarrollo alcanzado por la ciudad había dejado diminuta la casa consistorial proyectada por José María Ortiz en 1859, y la mayor parte de los servicios públicos se encontraban desperdigados por diferentes locales de la ciudad. Durante el pleno de presentación, un concejal solicitó al alcalde que se consultara a los vigueses sobre la conveniencia de realizar tal obra «para que no nos acusen después de un plenicidio , como ocurrió con Samil».

Ocurrencias lingüísticas aparte, aquel día los vigueses conocieron que el nuevo edificio costaría 97,9 millones de pesetas, tendría una superficie de 14.562 metros cuadrados y se distribuiría como ahora lo conocemos, es decir, dos sótanos, tres plantas y una torre de nueve alturas. La construcción implicaba el desarrollo de un plan parcial en la zona contigua del castillo de San Sebastián, en donde el gobierno local pretendía ceder terrenos a los ministerios para establecer allí sus oficinas, algo que no llegó a producirse.

El anteproyecto fue aprobado el 16 de julio de 1971, así como el organigrama de estructuración de las dependencias y servicios municipales. En ese momento comenzaba la búsqueda del dinero necesario para plasmar el proyecto.

En marzo de 1972, el Banco de Crédito Local concede dos créditos al Concello de Vigo, uno de 28,4 millones de pesetas, a un interés del 5,5% a 20 años; y otro, de 54,4 millones de pesetas, a un interés de 5,75% y a cinco años. Ese mismo mes, por medio de concurso público, se conceden las obras a la empresa Beamonte, que rebaja el presupuesto hasta los 90,4 millones de pesetas. Las previsiones de construcción se fijaron en los treinta y seis meses.

Un modesto tesoro

Así que el 19 de abril de 1972, con banda de música y autoridades, el alcalde Ramilo pone la primera piedra de la futura casa consistorial. El regidor calificó la obra de «casa consistorial del Vigo del 2000», y entonó versos de Gómez Manrique. En la cápsula del tiempo, una arqueta de zinc, se introdujeron los periódicos del día, el plan trienal municipal, el acuerdo de construcción y 1.781 pesetas en moneda de curso legal.

A partir de ese momento, los planes se rompieron en todos los aspectos posibles, llegando a peligrar el proyecto.