Tras su retirada, el humorista volvió a Vigo hace medio año para quedarse y ha abierto un estudio donde continúa pintando
15 jun 2009 . Actualizado a las 11:51 h.Si alguien no sabe quién es Moncho Borrajo, quizás es que nació ayer o que lleva más de 30 años lejos del mundanal ruido. Pero los que sí saben quién es Moncho Borrajo (artista que puede presumir de haberse hartado de llenar teatros hasta el mismísimo día en que decidió bajar el telón y ofrecer la última función) a lo mejor no saben que el humorista ha elegido Vigo para vivir y aquí reside desde hace aproximadamente medio año.
En su madurez, Borrajo ha vuelto a sus orígenes, ya que aunque nació en Baños de Molgas (Ourense), de niño se trasladó a Vigo con sus padres. No pudo estar tan cerca de su madre en los últimos años de su como hubiera querido, y ahora que puede ha decidido regresar a su ciudad y cuidar a su padre, que tiene 97 años. Su estudio no podía estar más cerca de su hogar, ya que ha encontrado un local en los bajos del edificio. Vendió su casa de Madrid y se ha traído sus cosas, que son muchas más de las que caben en el local, desde algunos de los trajes que ha usado en sus espectáculos, a decenas de cuadros pintados por él y por otros artistas.
«Soy asquerosamente ordenado. Lo mío ya no es normal», reconoce mientras muestra sus armarios con ropa, estanterías con libros y discos y un pulcro estudio donde pinta y escribe.
Cómodo en Vigo
Moncho reflexiona sobre este momento de su vida: «Parece que me lo habían planeado. Ha venido la crisis, he dejado el teatro, puedo cuidar de mi padre y vuelvo a Galicia, que es como la vuelta del eterno emigrante, porque yo me fui de aquí con 17 años con el PREU terminado a estudiar a Valencia, y a partir de ahí, mis regresos eran Navidad y verano, y no siempre».
El artista reconoce que se encuentra muy a gusto aquí. «Hace poco me preguntaban unos amigos cómo se lleva no tener aplausos, y la verdad es que lo llevo muy bien. Vigo es además una ciudad que a otros puede parecer inhóspita, pero para alguien como yo es muy cómoda, porque la gente te respeta mucho. Te saluda pero no te pide autógrafos. Además he vuelto a retomar amistades de antes que tenía descuidadas». Por otra parte, atraviesa una especie de reinserción social: «Estoy haciendo nuevos contactos, intentando entrar en la cultura gallega y conocer a gente significativa», declara.
Desde luego, el retiro no es sinónimo de ocioso o desocupado en el caso de Borrajo, que no sabe estar sin hacer nada. «El camino es pintar y escribir, en gallego y en castellano», afirma. El artista, que pronto colgará en la red su web como pintor, está preparando dos exposiciones para Madrid y Valencia, está terminando una novela, La soledad del cómico y está a punto de publicar un libro de poesía en gallego, Dende a outra beira . «Es una obra de temática eminente y evidentemente homosexual que he querido hacer como homenaje a Blanco Amor, al que conocí -explica-. Entro en los 60 años ahora y me apetecía hacer un libro bonito, de amor, en un momento en el que parece que presumir de homosexual está muy bien visto, pero no es el momento que yo pasé con 18 años», se lamenta.
Enemigos del triunfo ajeno
El polifacético autor reconoce que tiene un hándicap: «Tengo que hacer las cosas más serias de lo normal para contrastar con el cómico. Este es un país muy extraño. Como triunfes en una cosa, jode. Como triunfes en dos ya es la leche y si aún encima escribes, ya te llaman prepotente. En este país hay dos cosas que no están bien vistas, la ternura y la inteligencia. Además, la gente no está acostumbrada al éxito ajeno. Les molesta lo que trabajan los demás. A mí no me han regalado nada. Cuando me preguntan de dónde saco el tiempo, contesto: de donde tú lo pierdes», sentencia. A Moncho le gustaría hacer aún más cosas: «Me sorprende que los periódicos gallegos no cuenten conmigo, para hacer artículos o mis dibujos al estilo de Maside o Castelao, con una frase debajo. Me siento un poco desaprovechado. Además soy una persona con sentido crítico y libre en el concepto político, porque no tengo ese esclavismo ideológico que se ve en la prensa por parte de los articulistas», afirma
El artista recuerda que cuando presentó su espectáculo de despedida en la Sociedad General de Autores, dijo: «Me voy porque estoy harto de tomar champán con gilipollas, quiero tomar café con amigos». Aunque se retiró porque quiso, e insiste en que es verdad (excepto para algún acto benéfico), acata que retomar la vida normal no es fácil, «aunque por otra parte ya estaba acostumbrado. Lo mejor que he tenido en estos 38 años de trabajo ha sido el público, pero pasas del teatro abarrotado a la soledad en el hotel con el bocata y la cerveza. Sin embargo, soledad asumida no molesta», cuenta.
En Vigo está encantado. «Soy un ciudadano más. No tengo un anonimato total, pero tampoco lo busco. Siempre he asumido la fama porque he tenido mánagers que me han puesto los pies en el suelo, como Chufo Lloréns. No soy creído, ni prepotente. Hay quien cree que soy como el Borrajo de mis espectáculos, pero es un personaje, no soy yo».