Ramón Martínez dejó Vigo tras un bienio plagado de errores tanto en la tutela como en la confección de las plantillas de sus dos temporadas en la dirección del club vigués
03 jun 2009 . Actualizado a las 20:02 h.La salida de Ramón Martínez del Celta no ha estado acorde con lo que fue su llegada a Vigo a bombo y platillo. Ahora se marcha entre vítores de alivio de una afición, la celeste, que nunca le quiso, y cantos de sirena de un presidente, Florentino, que se muestra tan prendido como Mouriño de los encantos de este veterano de los despachos futbolísticos. Sin embargo, del club vigués salió de puntillas, casi sin despedirse, como a hurtadillas.
Uno de los cinco técnicos que ha fichado en los dos años que ha estado al frente de la dirección deportiva del club vigués, Pepe Murcia, decía que en la sede la Praza de España no «huele a fútbol, parece una notaría», en clara referencia a la forma de gestionar del vallisoletano.
La losa de la década del vigués Félix Carnero al frente del mismo departamento no ha sido capaz de levantarla, no solo por sus errores en las contrataciones sino también por su mal gobierno de los recursos. El trato personal con sus futbolistas y entrenadores ha estado plagado de desencuentros. Esto le ha sucedido con los que ya estaban, y con los que vinieron con él. El caso más llamativo fue el de José Luis Molina, al que trajo como coordinador de las categorías por cuatro años, y como él, no cumplió ni la segunda temporada. Su relación personal se fue deteriorando hasta el punto de que un enfrentamiento, en el que hubo más que palabras, terminó con Molina suspendido por quince días de empleo y sueldo.
El club vigués ha fichado con Martínez al frente a 29 jugadores. Tres porteros, ocho defensas, diez centrocampistas y ocho delanteros. Entre sus aciertos se le puede atribuir la llegada Notario o Ghilas, y como grandes fiascos Danilo, Fabiano Lima, Renán, Peña o Quincy, por destacar solo a algunos.
En varias ocasiones ha reconocido que en el Celta ha pasado su peor etapa en un club, después de que estuviese en el Barcelona, Real Madrid y Valladolid. Viviendo a unos metros de su lugar de trabajo, ha terminado acudiendo a él en su vehículo. Su angustia le llevó a verse luchando por eludir el peor borrón de su currículum con un un descenso a Segunda B, que llevaría su sello.
Su frase lapidaria «no me siento culpable de nada», hizo que el celtismo clamase contra él hasta el punto de considerarle como el máximo culpable del peor Celta de la historia. Sin embargo, Carlos Mouriño le defendió hasta el final y recordó que el único responsable sería él por haberlo contratado por cuatro temporadas. De su boca salieron los únicos elogios que ha recibido en Vigo al decir que «es un caballero».
A pesar de todo, Martínez volverá a esbozar su media sonrisa en Chamartín o Valdebebas. Allí tratará de hacer con muchos euros lo que no ha podido lograr con unos pocos, evitar otro fracaso.