El «Polycommander» y las vacas

VIGO

Un petrolero noruego causó una catástrofe ecológica en la ría de Vigo en mayo de 1970, cuyas consecuencias también alcanzaron a la ganadería y a la agricultura

06 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Es una evidencia que el ganado, durante los primeros días, prefería pasar hambre a llevarse a la boca el forraje», explicaba-supongo que no literalmente- un agricultor de Mañufe a un periodista de El Pueblo Gallego . «Después de olfatearlo, torcía el hocico, resoplaba y volvía a levantar la cabeza», añadía, para referirse a la actitud que había adoptado el ganado del Val Miñor, a consecuencia de la nube de humo que había originado el incendio del Polycommander entre las 4.15 horas del día 5 de mayo de 1970 y las 10,30 horas del día siguiente.

La catástrofe del petrolero noruego fue la consecuencia de un cúmulo de desgracias. El barco no tenía previsto entrar en la ría de Vigo en su viaje desde Sidón a Donges, localidad francesa receptora de las 49.414 toneladas de petróleo, del tipo Arabian Light, que transportaba. La urgente hospitalización de una camarera, esposa de uno de los tripulantes, obligó al capitán noruego Strom Olsen a rebasar las Cíes y desembarcar a la mujer, que fue hospitalizada en el clínica del doctor Troncoso.

La maniobra fue rápida. A las cuatro de la mañana, el capitán dio la orden de enfilar la boca norte de la ría. El práctico todavía estaba a bordo de la embarcación cuando, una inexplicable maniobra llevó al Polycommander contra los bajos situados frente a la playa de Figueiras, en la punta norte de las Cíes. Dos tanques del buque comenzaron a verter petróleo. La presencia de un pesquero en la zona proporcionó la chispa que provocó el incendio en el barco. La situación fue de gran dramatismo ya que en el buque noruego viajaban, además de la tripulación, varios familiares de los tripulantes, entre ellos dos niños. Sin embargo, no se produjeron víctimas mortales.

Un héroe llamado Corexi

El remolcador Elduayen y los guardacostas Serviola y Centinela acudieron rápidamente al lugar del naufragio, y comenzaron las tareas de extinción del fuego. La operación fue dirigida en un principio por el comandante militar de Vigo, José Díaz Cuñado. El crucero Canarias , un remolcador dotado con equipos antiincendios, aviones y helicópteros se sumaron a las tareas.

El día abría en la ría y los vigueses se sorprendían con el incendio localizado en la boca norte de la ría. El almirante Boado, subsecretario de la Marina Mercante se hizo cargo de las operaciones. Tan importante era sofocar el incendio como evitar que el petróleo derramado se extendiera por la ría y causara una marea negra. Aunque en un principio, la información que aportan los periódicos hace indicar que tal circunstancia sí llegó a producirse, la propaganda del Estado peleó duramente para que tal denominación no se hiciera pública. Y lo consiguieron. «Las noticias no son muy graves sino más bien esperanzadoras, parece que de momento no se producirá una marea negra», decía el almirante Boado a los periodistas cuando el barco aun seguía escupiendo petróleo.

En aquella lucha surgió un nombre mágico, Corexi. Se trataba de un producto químico que tenía «la facultad de disgregar las manchas de petróleo en partículas del tamaño de una micra para ser absorbidas por las bacterias del mar».

Diego Carcedo

Tras la extinción del incendio, la principal urgencia de las autoridades era trasvasar el petróleo almacenado en el barco, que todavía corría el peligro de partirse por la mitad con gran parte de su carga en los tanques. El Pueblo Gallego envió al periodista Diego Carcedo para cubrir esta noticia, que fue portada en toda Europa. El periodista hablaba los primeros días de gaviotas de alas pegajosas y patitas manchadas, y de acantilados cubiertos de betún. «Es como un borrón de tinta oscura, como el cuadro de un psicópata», escribía Diego Carcedo para referirse a las playas.

El desastre causó gran expectación en Vigo, y muchos vigueses acudían a una Baiona ennegrecida para ver de cerca la marea negra, que según las autoridades no existía. La extracción del crudo se realizó a través del concurso del Campaláns y el Campollano que, a su vez, descargaban en el Albuera.