El mensaje dentro de un envase de vidrio lanzado al mar desde Cabo Verde por un vecino de Ribeira fue encontrado intacto por unos niños de Puerto Rico
30 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.José María Casi Ferrer, de Ribeira, era ayer una persona emocionada. Risueña. Llevaba dentro una alegría entrañable que contagiaba al empezar a contar lo que le acaba de suceder, una historia que no es otra que la de un hombre de mar que una noche, mientras las horas pasan lentas en plena travesía, decide lanzar al agua un mensaje en una botella y esperar... Y que finalmente obtiene recompensa, muy grata recompensa en forma de saludos desde el otro lado del océano Atlántico.
Todo empezó el 2 de agosto del pasado año. José María, que trabaja como engrasador naval, estaba en un barco a noventa millas de Cabo Verde, en un trocito de mar entre el país africano y las islas Canarias. Había acabado de cenar, y tanto él como un compañero de faena se disponían a recoger algunas botellas para reciclar. Entonces, pensó: «¿Y si lanzo al mar una botella con mensaje, a ver si alguien contesta?». Su amigo, al principio, lo vaciló con la idea, pero finalmente José María acabó saliéndose con la suya y el vidrio con nota cayó al agua.
El mensaje era bastante claro. Daba su santo y seña y decía que quería comprobar si era posible «ponerse en contacto por botella marina». Pasaron los meses, José María cambió el mar por la tierra firme y casi se olvidó de aquella noche de sueños. Hasta hace unos días. Desde Puerto Rico, concretamente desde una zona cercana a la ciudad de San Juan, lo llamaron para decirle que su mensaje estaba a buen recaudo. De ahí la emoción del hombre.
En un islote
Y es que, aunque quien le telefoneó era un adulto, el mensaje en la botella hizo feliz a tres hermanos. Resulta que todos ellos habían ido con su padre en barco a un islote, Cayo Piñeiros, también en Puerto Rico, el 19 de abril. Los chavales decidieron hacer una excursión a pie por la isla, y fue uno de ellos, la niña Andrea Díaz, de 10 años, quien encontró el vidrio tirado en el suelo. Al parecer, dudaron en cogerlo, pero la curiosidad los venció y decidieron volver a la lancha y comprobar, ayudados por unos palitos chinos, si el papel del interior era realmente un mensaje o se trataba de una simple etiqueta.
A partir de ahí, las comunicaciones telefónicas y vía Internet completaron el camino iniciado por la botella, que se calcula que recorrió unas 3.000 millas. Así, desde Puerto Rico llamaron a Ribeira y ya hay promesas de intercambiarse fotos, información de los lugares y demás.
Mientras, en la localidad ribeirense de Palmeira, de donde es natural José María, hay un hombre que puede contar una historia de película. Y, al otro lado del océano, Andrea Díaz y sus hermanos presumen de haber sido piratas. Lógico. Además de la botella, en la misma isla Piñeiros, también tuvieron una aventura con un depredador marino llamado picúa y se toparon una esbelta estrella de mar.