Los vigilantes tardaron más de cuatro horas en detectar el problema y dar inicio a los trabajos de limpieza
21 abr 2009 . Actualizado a las 11:26 h.A las seis de la mañana del sábado empezó a salir espuma del reactor de la planta depuradora del Lagares. A esa hora estaban de guardia varios miembros de la empresa concesionaria que no se percataron de lo ocurrido hastas las 10:30, más de cuatro horas después. En ese momento se iniciaron las labores de limpieza y se procedió a cerrar el paseo peatonal que discurre junto al río.
Este fue el resumen de los hechos que ayer realizó la concejala responsable de la instalación. En estas dos jornadas la socialista Isaura Abelairas y los responsables de Aqualia llevaron a cabo una investigación que ha dado el resultado citado. La edil compareció ayer ante los medios de comunicación para asegurar que Concello y empresa han llegado al acuerdo de reforzar los medios de control para que la situación no se vuelva a repetir, aunque no dio detalles de este incremento.
El desbordamiento provocó de nuevo una difícil situación en una instalación polémica que periódicamente es noticia por motivos parecidos o por la contaminación ambiental generada por los malos olores. Pese a los esfuerzos del Concello y de la Xunta a lo largo de más de una década, la depuradora fue mal dimensionada en origen y no tiene capacidad para tratar todas las aguas residuales que recibe. Por ello los incidentes se suceden y las instituciones implicadas tratan de poner parches a la espera de que se construya la proyectada nueva planta con capacidad suficiente.
En este caso concreto, los rotores que giran para airear los lodos y eliminar la espuma que se genera en el reactor se pararon al detectar un exceso de oxígeno. Debido a ello la espuma siguió creciendo y anegó el vecino paseo del Lagares, aunque Abelairas recalcó que no hubo vertido de lodos. De haberse percatado antes los vigilantes hubieran activado los rotores y evitado el vertido.
«Non tiña que ter pasado»
La concejala dejó claro que la instalación funcionó correctamente en todo momento y que esta vez quienes fallaron fueron los trabajadores de vigilancia. «O desbordamento non tiña que ter pasado e tentaremos que non se repita» explicó Abelairas. En cualquier caso, restó importancia a sus consecuencias «nun paseo sin xente nese momento; non houbo contaminación aínda que o verquido de espuma foi aparatoso».
La solución que pusieron en marcha Concello y Aqualia fue aspirar la espuma con un camión cisterna y limpiar después el paseo con agua, que poco después recuperaba la normalidad.
Este versión amable del suceso contrasta con el malestar que generó lo ocurrido entre las familias que residen en las inmediaciones de la planta y que padecen sus consecuencias. Este colectivo lleva años intentando conseguir su clausura por medio de un recurso judicial y sobre todo tratando de impedir que allí se construya la macroplanta diseñada por la anterior Xunta, el Ministerio de Medio Ambiente y el Concello vigués.