El Coruxo Fútbol Club debería estar ya preparando las maletas. Porque el año que viene se merece jugar en Balaídos. El equipo más brillante y representativo de la ciudad, que ocupa un meritorio noveno puesto en Tercera División, se merece disfrutar del estadio municipal, propiedad de todos los vigueses.
Así que ya puede nuestro querido Coruxo ir llamando a Mudanzas Organero. Es urgente hacer el traslado con la mayor celeridad. El Celta, ese equipo que reparte su sede entre la plaza de España y la calle Lalín, debería poner pocas trabas para desalojar, habida cuenta de que no tiene nada, y de que su mayor capital es disponer de un director deportivo brillantísimo, cuya nómina sin duda está justificada por sus incomparables éxitos.
La próxima temporada queremos ver al Coruxo en Balaídos. Se trata, como es sabido, de un club histórico, con ochenta años de trayectoria, y en el que más de seiscientos deportistas compiten bajo su escudo en sus diferentes categorías. Para colmo, juega en su propio campo, que es patrimonio del club. Y, aunque esto resulte incomprensible en el lujoso chalet de O Castro, nuestro equipo más brillante se paga de su bolsillo el agua y la luz eléctrica.
Estamos deseando ver al Coruxo jugar en Balaídos. Aunque, para ser justos, deberíamos incluir en el traslado al otro «grande» de Vigo: El Rápido de Bouzas. El club de As Gaivotas, ya casi centenario, es la otra gran referencia futbolística de nuestra ciudad.
Al igual que Peñarol y Nacional, en Uruguay, o que Inter y Milan, en Italia, bien pueden nuestros dos mejores clubes de fútbol compartir el estadio, y devolver así a los vigueses la pasión por el deporte rey, un domingo tras otro.
La alternativa es seguir siendo seguidor de una sociedad anónima, una perversión del capitalismo ciertamente alucinante. Como a mí me gusta el fútbol, y no las sociedades anónimas, veo necesario apostar por el Coruxo y por el Rápido.
La otra entidad que ahora ocupa Balaídos puede, si quiere, irse a la Madroa. Sea a los campos municipales de entrenamiento, sea a la jaula de los leones. Prometemos que, si eligen instalarse en el zoo, quienes fuimos sus leales aficionados iremos a echarles cacahuetes.