La basura es un signo de prosperidad. El escritor Arthur C. Clarke, autor de 2001: Una odisea espacial , aseguraba que el mejor sistema para identificar un planeta habitado, y con un cierto desarrollo tecnológico, eran los desperdicios. Un lejano mundo con un anillo de detritus en órbita es garantía de una civilización avanzada.
Por el contrario, la ausencia de basura es un rasgo de pobreza. Los países opulentos producen residuos en cantidades industriales, mientras que los más desfavorecidos apenas pueden contaminar, y se entretienen reutilizando y reciclando, no porque posean inquietudes ecologistas, sino por mera necesidad.
Tanto vale la basura, que China es el principal importador mundial de este bien. Solo el pasado año compró a EE.UU. 10,5 millones de toneladas de desperdicios reciclables. Y es sabido que allí termina todo el cobre que roban los cacos en los ya tradicionales asaltos a los transformadores de Fenosa.
Que la basura significa riqueza es una obviedad. Si paseas por Vigo a la hora de echar el polvo -que la hay-, puedes identificar a tus vecinos por el volumen de sus bolsas. Las familias jóvenes y acomodadas, depositan en el contenedor unos inmensos sacos llenos de detritus, abultados y fragantes. Lo hacen con un punto orgulloso, como diciendo «en esta casa, no falta nunca la basura». En contraste con esta actitud, podemos ver a la viejecita, que transporta una bolsa minúscula, porque su pensión no le da para una producción de desperdicios de la que poder presumir.
Es por ello que en Vigo tenemos razones para preocuparnos. Según los últimos datos facilitados por Sogama, la producción de basura en la ciudad ha caído en cien toneladas mensuales. El dato no es menor. Cierto que el IPC, la tasa de paro, el Euríbor, la cotización del Ibex 35 y el índice de producción industrial son las variables normalmente utilizadas para calibrar el alcance de la crisis. Pero hay otras que no llegan al economista, pero sí al ciudadano.
El comerciante que comenta que no pasa nadie por la calle, el de la cafetería que ahora compra tres docenas menos de cruasanes, el taxista que lee más, porque se pasa más tiempo en las paradas? Son más fiables estos datos que todas las gráficas juntas del FMI y del Banco de España. Al fin y al cabo, son las autoridades financieras las que nos han metido en este lío. Y, si no supieron ver la que se avecinaba, malamente vamos a creer ahora sus diagnósticos.
Personalmente, me quedo con el análisis del ciudadano de a pie. Del comentario de cafetería y de ascensor.
Así que, para animar la conversación, aquí va otro dato: El de la basura. Vigo, cada día, produce menos.
Y es que este asunto de la crisis cada vez huele peor.