¿Por qué no? Es lo que ha pensado el vicepresidente de la Asociación Gallega de Estudios de la Dieta Atlántica, Lorenzo Pousa Estévez. Y se puso manos a la obra o, lo que es lo mismo, a poner negro sobre blanco los mandamientos imprescindibles para realizar una dieta adecuada. El resultado ha sido Alimentación sana, un libro dirigido a niños y adolescentes, pero muy útil también para padres y educadores.
Ayer lo presentó en Baiona, villa en la que desde hace veinte años ejerce como médico. Cuenta que a la hora de ponerse a escribir pensó especialmente en potenciales lectores de entre 6 y 14 años, porque esa es la edad en la que adquirimos para siempre (o casi) los hábitos alimenticios que han de acompañarnos el resto de la vida. «Es cuando se puede educar», afirma. No es que no se pueda hacer más tarde, es que como buenos animales de costumbres que somos, luego cuesta lo suyo cambiar.
El libro, editado por Carlos del Pulgar, forma parte de la colección Qué me dices, que dirige el catedrático de psicología clínica Lisardo Becoña.
No cuenta el doctor Pousa nada que no sepamos. Sin embargo, a la vista de lo que se está disparando el índice de obesidad entre los menores, nos estamos saltando las normas un día sí y al otro también. Sobre este particular recordó durante la presentación del libro que la siguiente generación de niños tendrá un vida más corta y con más enfermedades que la de sus padres. «La sociedad está enferma», afirmó sin contemplaciones.
Total, que es hora de cambiar el chip y sustituir bombas de relojería como la bollería industrial por frutas, legumbres, pescado... Y el sedentarismo por el ejercicio moderado. Lo dicho, nada que no sepamos, pero que obviamos.
Como Alimentación sana es un libro destinado a los más jóvenes está escrito en un lenguaje muy accesible, plagado de imágenes y muy fácil de leer.
Ya empezó la cuenta atrás para la llegada al puerto de los grandes (grandísimos) veleros de la espectacular regata. Es tal el interés que suscita que se han recibido más de un centenar de solicitudes de personas interesadas en ejercer de voluntarios en Vigo durante el evento.
Concello y Federación Gallega de Vela trabajan a contrarreloj para seleccionar a los 60 más idóneos, que son los que se necesitan. De donde más solicitudes han llegado, al margen de las gallegas, es de la costa mediterránea. Rubén Santiago, responsable de la formación del equipo de voluntariado, afirma que la tarea de selección no es fácil, ya que la mayoría de los perfiles de los candidatos se ajustan a lo pedido, esto es dominio de idiomas y conocimientos marinos.
Es sorprendente el currículo que presentan algunos, con titulaciones náuticas y mucha experiencia previa, incluida la Volvo Ocean Race.
Entre las pocas cosas que, de momento, han trascendido sobre la salida de este Desafío Atlántico, sí se sabe que el equipo de voluntarios dispondrá, a modo de cuartel general, de una zona de uso exclusivo en la Estación Marítima Alberto Durán. Y hablando de Alberto Durán, ¿para cuándo un gran rótulo con su nombre justo a continuación del que indica Estación Marítima, y tal vez otro sobre el tejado para que cuando atranque un trasatlántico los pasajeros sepan adonde llegan? Bueno, los pasajeros de los trasatlánticos y también los vigueses. Son muchos los que ignoran que la terminal lleva el nombre de una de las personas que más impulsó el tráfico de cruceros en esta ciudad. Pues eso.
Tal vez no definitiva. Lo ha remitido Daniel Calá. Viene a contar que su restaurante, Mesón del Arte, ha tratado de sortear la crisis lo mejor que ha podido. Pese a todo, llegó a la conclusión de que es imposible continuar con el negocio del modo que había sido ideado, es decir, cenas con actuación.
Con todo, no da la batalla por perdida. «Seguiremos pendientes de encontrar ese lugar, así como las formas apropiadas para llegar a nuestros amigos con más música, más humor, exposiciones, poseía...». Pues con esa idea nos quedamos, con la de que el cierre será un mero paréntesis. Hasta pronto.