En el 2109, todos los esfuerzos de la ciudad se dedicaron a La Máquina. A mediados de marzo, a punto de cumplirse el Tricentenario, el aparato superó la fase de pruebas. Fue entonces cuando se convocó el concurso. «Viaje a la Reconquista», decía el anuncio, y la ciudad en pleno se presentó, soñando con la gloria del primer viaje en el tiempo. Se convocó a los vigueses en la plaza de la Estación, donde se espera que, muy pronto, en 2112, llegue el AVE . En el centro, junto a la estatua ecuestre de Abel Caballero, se inició el sorteo. «Vamos a despejar las grandes incógnitas del pasado», proclamaban los altavoces, especulando con la experiencia: ¿Abrió realmente Cachamuíña la puerta de las murallas? ¿Quién era Carolo, el misterioso anciano que murió en A Gamboa? Un vigués estaba a punto de viajar personalmente a verlo.
Cuando dijeron el número apareció un hombre entre la multitud con una boleta. Era un antiguo jubilado de Pesca-Supernova . Lo subieron al aparato y le explicaron los mandos. Se familiarizó pronto con ellos porque un tiempo había sido conductor de Astromil . Hubo aplausos y, de pronto, La Máquina desapareció. Cuando el tipo se repuso, se encontró ante las murallas de Vigo. Era de noche y se escuchaban disparos aislados. De pronto, una turbamulta se arrojó sobre él y, sin quererlo, lo llevó en volandas hacia la villa. Se vio ante una puerta y alguien le pasó un hacha. Tarde comprendió. Sintió un pinchazo, como una picadura. Sangraba. Le estaban disparando desde las murallas.
Mientras caía muerto, un tipo le arrebató la macheta de las manos. Debía de ser Cachamuíña. Y, cuando otro, antes de morir, le preguntó su nombre, supo qué debía responder: «Carolo».
La Máquina no regresó nunca. Se parece al submarino que luego construyó Sanjurjo. Y aunque, al menos, ya sabemos quién era Carolo, hay que reconocer que, para el cuarto centenario, vamos a tener que mejorar el artefacto.