Bellas cartas de amor

VIGO

20 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El alcalde y la delegada de Zona Franca se escriben cartas. Desde las navidades, se han intercambiado tres o cuatro, en las que discuten quién ha de pagar el arreglo de la ETEA. Por ahora, el resultado de la correspondencia es que Caballero insiste, pero Pisano está de no.

Desde Las amistades peligrosas y Valmont, no se recuerda una esgrima epistolar como la que mantienen estos dos. «¿Cómo va lo de la ETEA, alcalde?», le preguntan a Caballero los periodistas. Y él responde con presteza: «Precisamente, le acabo de escribir una carta a Teresa Pisano». Los periodistas, como es de suponer, se parten.

En la era de Internet, deben ser los últimos habitantes de la Tierra que se relacionan por carta. Si no fuera por ellos, y por los bancos, los carteros estarían en la cola del desempleo. Imaginamos las escenas mañaneras en las que Caballero, preocupado por el asunto, bate palmas y llama a su asistente: «Tráigame recado de escribir», ordena. Luego, garrapateando en un papiro con una pluma de ánade, le pone unas letras a Teresa Pisano.

Días después -no olvidemos que las cartas, de Vigo a Vigo, se envían a Santiago para ser clasificadas- la delegada escucha cómo llaman con los nudillos a la puerta de su despacho. La imaginamos ensoñada en la vista de la ría, melancólica ante el ventanal, regando una orquídea. «Pase», ordena complacida. En bandeja de plata, encargada al efecto por decisión del último pleno de Zona Franca, llega la apetecida epístola, acompañada de un abrecartas cuya empuñadura luce un fino damasquinado. Al volver el sobre, tras despedir al lacayo, Pisano lee con fruición el nombre del remitente: «Abel Caballero».

El resto es fácilmente imaginable. La delegada toma a su vez recado de escribir y contesta al alcalde que no. Que Zona Franca tiene más cosas que hacer que arreglar la ETEA, porque está haciendo muchos polígonos industriales y, también, a qué negarlo, porque Solbes le ha ordenado envíar dinero a Madrid.

Juzgarán ustedes que mi escenificación de los hechos sea un poco ridícula. Pero no lo es menos este cruce de cartas entre dos instituciones que, además, son del mismo partido. Que Zona Franca tiene que pagar es obvio. Y Caballero, si manda algo, en lugar de escribir cartas, debe coger el teléfono, llamar a Madrid y que pongan a esta señora en su sitio. Pero con este método se pierde romanticismo.